Entre jamones, macarrones y toda la carta de manjares ‘gastro’ que una puedes encontrar en Mercadona, Juan Laporta disfruta del periodo preelectoral. En su salsa está el expresidente en campaña, que cada día desayuna con encuestas que le aseguran que volverá al palco del Camp Nou por la puerta grande. No le acompaña con el café este diario, que reconoció no leer en Catalunya Ràdio mientras le desmenuzaban la noticia publicada en EL PERIÓDICO sobre la denuncia de un socio ante la Audiencia Nacional. Este le acusa de blanqueo de capitales, cobro de comisiones indebidas, transacciones económicas en el extranjero y fraude a Hacienda. Digirió el tema a caballo entre un mosqueo monumental y la ‘tritranquilidad’ del que se sabe ganador y continuó con el menú que le tenían preparado. En paralelo, Fuente, Ciria y Vilajoana quemaban calorías a la carrera intentando presentar sus platos, algunos muy bien condimentados, aun a sabiendas que la verdadera batalla electoral será la de 2030.
Dándole vueltas al caldo andan todos pero, como ‘culers’ que son, este viernes estarán más pendientes de las que den las bolas del bombo que de otra cosa. Allí vuelve a estar el Barça, que vio los partidos clasificatorios del Real Madrid con un bol de palomitas y que volvió a confirmar que el equipo blanco, por muy mal fútbol que desplegando, siempre está y se le espera en la que considera su competición. Arbeloa tragó quina pero pasó el trago y Mourinho se quedó en el camino que señaló con su dedo, cenando frugalmente encerrado en el autobús del Benficaaparcado en el estadio.
Señalados han quedado también su jugador Gianluca Prestianni y un fondo sur del Bernabeu que igual enarbola una pancarta contra el racismo que uno de sus miembros realiza un saludo nazi y otros mandan a Lamina Yamal a vender pañuelos a un semáforo. Fuera de este bombo deberían estar todos estos cafés, los de allí y los de aquí. Porque, por desgracia, en todas partes cuecen habas.
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