Realimenta el madridismo la fe en su equipo, que se empeña en no darse cuenta por muerto. Las dos victorias convincentes en la Champions ante el City de Pep Guardiola (5-1 en el cómputo global) y el último triunfo liguero en el derbi remontando un 0-1 y jugando 20 minutos con uno menos han revitalizado la moral de la tropa, convencida de que aún puede luchar por la Liga (sigue a 4 puntos del Barça) y, por qué no, aspirar al cetro europeo si da la campanada contra el Bayern.
En este tránsito de apuntalamiento anímico, superadas las dudas de las dos derrotas seguidas del Osasuna y el Getafe, la parroquia blanca y su oficiante de guardia, un Álvaro Arbeloa reforzado, encaran el parón de selecciones –con un solo madridista en la roja – con un dilema para la vuelta de la competición: el regreso de dos de sus estrellas, Kylian Mbappé y Jude Bellingham, en vías de recuperación de sus lesiones (si no se vuelven a romper con sus respectivos países).
Sin sus dos estrellas, al Madrid no le fue tan mal; Pasó dos derrotas pero surgió Pitarch y armó un buen bloque.
El caso es que este Madrid de las segundas unidades funciona bastante bien. Aguerrido, funcional, más sacrificado y resiliente, con un sentido afilado de la supervivencia, saca los partidos con cierta solvencia, con un Fede Valverde redescubierto en su faceta ofensiva, con un Güler que está encajando, con los destellos de un Vinícius por momentos más centrados, y con la aportación de un inesperado descubrimiento como el chaval Thiago Pitarch y un Brahim Díaz recuperado para la causa tras su paupérrima Copa de África.
Pero, con el regreso de Mbappé y Bellingham, que ya jugaron unos minutos en el derbi, ¿en qué lugar quedan sus sustitutos, Thiago Pitarch y Brahim? He ahí la encrucijada de Arbeloa: respeta la jerarquía o no tocar lo que funciona. ¿Dejará en el banquillo al francés y al inglés en el partido de Mallorca el 4 de abril? Improbable. ¿Capará la progresión del joven Pitarch (18), nuevo ídolo del Bernabéu por su osadía, su presión incansable y su compromiso, por dar entrada a Mbappé y Bellingham? Y, en consecuencia, ¿desmantelará el centro del campo que forman Valverde, Pitarch, Tchouaméni y Güler cuando están carburando? No parece lógico que Arbeloa asigne un papel secundario a sus dos pesos pesados si están en plenas condiciones físicas. Aunque la duda consiguiente es si el juego y el rendimiento del equipo se resentirán sin el concurso de los especialistas secundarios que les han dado cobertura en su ausencia.
Los resultados dan la razón al plan B que trazó Arbeloa cuando no pudo contar con sus dos referentes. Sin el francés (cinco partidos de baja, del 25 de febrero al 16 de marzo), el Real Madrid solo sufrió una derrota (Getafe) y sumó cuatro victorias; y sin el inglés (10 partidos, desde el 2 de febrero), el equipo blanco perdió dos veces (ante los azulones y en Pamplona), por ocho victorias. El equilibrio no es nada catastrófico en ausencia de sus estrellas.
Aunque Arbeloa asegura que “son compatibles”, en el once titular no caben todos. Alguien sobra. Y Tchouaméni y Valverde (cuando cumplió la sanción por la expulsión del domingo) son intocables. La pieza más débil es Brahim Díaz, que seguramente será el sacrificado para dar cabida a Mbappé. De momento, ante el Atlético, el marroquí fue titular, y el francés solo tuvo 26 minutos para ir cogiendo ritmo de juego.
Para dejar hueco a Bellingham, Arbeloa tiene dos posibles víctimas: Güler y Thiago Pitarch. Ahí la decisión es más peliaguda, más emotiva incluso. El canterano y el turco le han funcionado muy bien… pero Jude pesa mucho.
Y otra disyuntiva para el técnico a la vuelta del parón: recuperará a Militão ya Asencio, por lo que tendrá superpoblación de centrales. Mejor que sobren…
