El que esperara una revolución pecó de ingenuo. Ah, no. La hubo, y de profundas dimensiones, pero no en el sentido estricto del término. El Real Madrid de Xabi Alonso perdió la Supercopa de España con una imagen cuestionable y el de Álvaro Arbeloa, apenas tres días después, quedó apeado en un esperpento de la Copa del Rey ante un equipo de Segunda A. Hay crisis estructurales que llegaron con menos grietas.
Albacete ya marca el destino de una temporada que viró con la decisión de Florentino Pérez de cambiar al entrenador, enemistado Xabi Alonso con las vacas sagradas del vestuario (Vinícius ni se despidió de él y Bellingham tardó 26 horas en escribir su escueto mensaje), las que se quedaron en Valdebebas (Mbappé, Bellingham, Rodrygo o Courtois) o no rescataron a su equipo en los momentos dramáticos en el Carlos Belmonte. (Vinicius). Al Madrid le faltó el fútbol que no encontró el técnico vasco ni tuvo el espíritu que le pidió su nuevo entrenador. Timorato, de más a menos, fue ejecutado por Jefté Betancor, un tipo que vivió el mejor momento de su vida tras haber jugado en 22 equipos en 15 años.
Vinícius y Arbeloa, en un momento del partido ante el Albacete)
En apenas un día, Arbeloa no tenía tiempo material de incidir en el Madrid que quería. Pero la convocatoria, por autocomplacencia o descanso, fue la primera piedra de la gran derrota. El Madrid iba en avión a Albacete (260 kilómetros) sin la gran mayoría de sus mejores jugadores y con una convocatoria de apenas 22 años. La emoción iguala las fuerzas y la del Madrid estaba por los suelos después de todo lo que ha acontecido esta misma semana.
Valverde como centrocampista era una declaración de intenciones. Arbeloa colocó al uruguayo en su lugar favorito y el Real Madrid entró al partido con intenciones buenas pese a la niebla que confundió el juego hasta el minuto 25. Ahí los blancos empezaron a encontrar a Güler y Mastantuono por dentro, pero les faltó fluidez y colmillo; solo Valverde con un tiro desde treinta metros probó a Lozaín. Pero fue el Albacete quien tocó primero. Un córner rematado por Javi Villar, ex canterano blanco, quien aprovechó el despiste de Mastantuono, el talento argentino de 18 años que está sobrepasado por todas las circunstancias. Apenas unos minutos después, en el añadido y pasados los dos minutos que concedió García Verdura, el árbitro catalán, el propio argentino aprovechó un rechace de Lozaín para empatar.
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El mejor Madrid llegó en los primeros diez minutos de la segunda parte. Vinícius desequilibró y el Madrid cargó el juego por su costado, pero Alberto González refrescó el equipo con tres cambios que le dieron otro aire. El Madrid pasó de algún verso minimizado, con Agus Medina como canalizador del rival y Jefté Betancour en plan Quijote. Él mismo, en el minuto 81, aprovechó un doble despeje equivocado de Asencio y Gonzalo para empalar una volea y batir a un Lunin que falló. Nervioso, sin ritmo, fue parte importante del tropiezo blanco.
El Madrid es un gato con siete vidas. Hay que rematarlo. Un saque de esquina de Güler en el 91, de nuevo en el añadido, lo remató como Santillana Gonzalo García, que huele el gol y tiene un prodigioso remate que ha ido demostrando en este 2026. Su gol llevaba el partido a la prórroga, pero el Madrid no estaba cubierto finalmente por una neblina, sino que era solo el preludio de la catástrofe que estaba por venir. Y esa tenía el nombre del canario de 32 años Jefté. Le llegó un balón largo, con el volcán madrileño, y lo recibió escorado a la izquierda. Le encaró a Carvajal. El primer intento le rebotó en las piernas. El segundo, su pie derecho pareció una cesta punta que envolvió el balón y lo alejado del marco de Lunin, desconectado de la jugada, impertérito ante un balón que desató la locura en el Carlos Belmonte. El Albacete mata un gigante que llegaba herido y que se marcha casi sentenciado.
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