Hay silencios que engrandecen a las leyendas. Y luego está el ruido ensordecedor de las armas.
Xavi Hernández, Personalmente, el mejor jugador catalán de la historia del FC Barcelona, decidió que la víspera de un partido de Champions contra el Newcastle era un momento estupendo para entrar en campaña electoral con dinamita en la boca. No para decir a quién vota -que sería perfectamente legítimo- sino para disparar sin contemplación contra uno de los candidatos. Qué desastre… El equipo preparando un partido capital en Europa y nosotros descubriendo el peligro de una papeleta en forma de pataleta.
Que nadie se confunde: opinar es fantástico. Si xavi Quiere decir que prefiere a un candidato, genial. Si quiere hacer campaña a su lado, mejor aún. La democracia azulgrana vive precisamente de eso: de que cada socio defiende su modelo de club. El problema comienza cuando una opinión referente se convierte en daño colectivo. Porque atacar a un candidato no es solo atacar a un candidato. Es enfrentar a quienes lo votan ya quienes no lo hacen. Y conviene recordar algo que a veces se olvida en plena tormenta electoral: Joan Laporta y Víctor Font no son solo un nombre en una papeleta. Son la opción y elección de millas de socios. Millas y millas. Por eso sorprende tanto ver a una de las grandes leyendas del club entrar justo ahora, en el barro con tanta alegría. No por lo que opine -cada uno piensa lo que quiere- sino por el cómo y el cuándo.
El Barça siempre ha sido muchas cosas a la vez. Muchas sensibilidades, muchas visiones, muchos sentimientos. Y precisamente por eso, sus referentes solían tener algo en común: la capacidad de iluminar y de unirnos incluso cuando no pensaban igual. ¿Quién nos elimina hoy este regusto a pena y sorpresa a pocas horas de un partido a vida o muerte? Tal vez soy yo que no me entero. Tal vez el rondo que en su tiempo añoramos, ahora resulta que había que practicarlo en campaña. Y tal vez las leyendas que antes no bajaban al barro, ahora, directamente, conceden las entrevistas allí.
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