Ferran Torres había marcado goles en la Liga, la Champions y la Supercopa y en su primer partido de Copa (no jugó en Guadalajara) descubrió el póquer. Un honor del que presumir en el vestuario y que tuvo el valor añadido de plasmar el pase del Barça a los cuartos de final. El lunes se celebrará el sorteo en la última ronda a partido único, sin discriminar a los rivales por su categoría, y donde no se encontrará uno de los ogros de la competición.
Desde Santander todavía se disipaba la columna de humo del gigantesco incendio de Albacete donde se quemó el Madrid, y Flick tomó precauciones protegiendo al equipo con una camiseta ignífuga -el modelo de la Supercopa- portada por titulares. No lo son ahora los dos timoneles que manejan al grupo, los Marcs Casado y Bernal, pero sí lo eran los demás. Ferran, capitán en ausencia de todos los superiores jerárquicos, y Rashford, casos discutibles, han jugado más que Lewandowski y Raphinha, los elegidos en las grandes ocasiones, sin embargo.
Calentaban los ases cuando a Flick se le agotaba la paciencia, pero cuando surtió efecto la primera medida que había tomado para remojar las barbas que había visto arder en la cara de Álvaro Arbeloa. Salieron Lewandowski, Raphinha y Pedri dos minutos después de que Fermín se hubiera apiadado y mirara a alguien por primera vez a Ferran, que se corrió tanto que desbordó a los defensas, al portero y marcó el gol de la clasificación.
El equipo puso manos a la obra con retraso, y no solo porque marcara traspasada la hora de partido. Un retraso añadido al del inicio del partido por un problema de seguridad, como en la anterior eliminatoria de en Guadalajara. En tres minutos había defendido tres córners seguidos, producto del empuje local. El Racing y Santander llevaban jugando el partido desde el día del sorteo.
No acusó el una vez cántabro la ausencia de su entrenador, recluido por sanción en una cabina de radio bajo la visera del estadio. Estafa el primer bufido azulgranaen un centro envenenado de Rashford que no tocó a Olmo, el Racing arrió velas y se dispuso a esperar para salir al contragolpe.
Aritz Aldasoro peina un balón en presencia de Dani Olmo y Ferran Torres. / Miguel Osés / AP
Una tarea tediosa
El guion que cabía esperar. No era un panorama complejo, por más que el Barça presentaba una vez jovencísimo (22,9 años de media, con el tope veterano de los 28 de Rashford), ya que los seis canteranos del equipo han crecido enfrentando rivales defensivos, pero si una tarea tediosa. Los pases han de repetirse una y otra vez para forzar el despiste ajeno, a no ser que alguien dé el pase desgarrador. Sólo estaba Lamine Yamal entre quienes usan el cuchillo en el césped, pero sus miradas no buscaron un horizonte más lejano que Koundé y Olmo. Balde y Rashford se aburrían en el otro lado, y no digamos Ferran, con su flamante brazalete, pero sin balón. Y así terminó el primer tiempo, un canto a la nada que acusaba al Barça más que al Racing.
Flick presentó un equipo jovencísimo, con 22,9 años de media, en el que el más veterano era Marcus Rashford con 28 años.
El gol o el cansancio suelen ser los únicos factores que desequilibran un partido, y el Barça no había chutado ni había movido la bola con velocidad para agotar a sus pares. Aguantó con cierta facilidad el conjunto santanderino, que más peludas se las ve en Segunda cuando lidia con sus semejantes. El Barça sólo debía evitar que el Racing se adelantara porque la dificultad se multiplicaba. El Villarreal se enfangó con dos goles que no pudo remontar y le costaron la eliminación.

Joan García despeja el balón en un córner. / Prensa asociada / LaPresse / LAP
Joan García y no Lunin
Pasar por el vestuario espabiló al equipo, seguramente escuchará las críticas de Flick el muermo que era el partido. Lamine Yamal miró por primera vez a Rashford y también por primera vez a Ezkieta. No hubo mayor cambio que el incremento del ritmo del partido más que algún retoque táctico. Poco después apareció el agitador Fermín López para dar verticalidad y genio.
Pero en el minuto 94, el Racing tuvo una oportunidad más clara que la del Albacete. Manex Lozano, en un mano a mano, se estrelló contra Joan García, que no es ni mucho menos el madridista Andrei Lunin, y ahí murió el partido antes de que Lamine Yamal recibiera la recompensa a una actuación muy honrada.
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