Copia de Internet una leyenda irlandesa: «Fionn Mac Cumhaill fue un guerrero mitológico celta que logró pescar al ‘salmón del conocimiento’. Mientras asaba el pescado, Fionn se quemó el dedo pulgar e instintivamente se lo chupó, adquiriendo el saber contenido en el salmón. Desde entonces, … se chupaba el dedo cada vez que quería alcanzar un determinado saber». Harían bien los jugadores del Sevilla, tras la visita de los celtas gallegos, en encontrar el salmón y chuparse el dedo a ver si, al menos, adquirirían comprensión lectora. Culpar a la prensa de que se gritara desde la grada «jugadores, mercenarios», cuando las críticas generalizadas en ella han sido siempre contra los dirigentes, resulta grotesco.
La responsabilidad del rendimiento mediocre del equipo no es suya. Hacen lo que pueden. Salvo algún caso aislado y sustentado por hechos, no se ha dudado de su profesionalidad. Sí de su talento, algo de lo que no son culpables. Ninguno que sepamos puso una pistola en el pecho a los ejecutivos para firmar por el club. Si acaso, los que debían de darse por aludidos fueron quienes los ficharon, los que lo han entrenado, los fisios y médicos que no lograron revertir la tendencia sistémica a las lesiones musculares.
El grito que tronó en el Sánchez-Pizjuán el lunes fue injusto. Los aficionados, hartos de expresar su desprecio hacia los gestores sin resultados prácticos, han trasladado su frustración al césped. Allá donde no se dan bien dos pases seguidos, el lugar donde cuando se logra el tercero se recepciona mal, el área donde sólo hay un par de rematadores (algunos de poco más de 1,60) para decenas de centros, la hierba que no contempla un tiro a puerta hasta el minuto 70, el rectángulo que se les convierte en cuadrilátero donde se golpean a sí mismos con errores o impericias.
Si, todo el santoral no lo quiera, el equipo acaba en Segunda (se acabará en ella de repetir la primera vuelta), ellos, junto a los que desde las gradas les insultan, serán los principales damnificados. No nos chupemos el dedo salvo para adquirir conocimiento.
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