El rugby estrena villano. No es un gigante malencarado violento, es un veinteañero aniñado de pelo rubio oxigenado que se retroalimenta de la hostilidad que provoca en los rivales. y sus hinchadas por su afición a celebrar sus ensayos con bailes para Tiktok que molestan incluso a sus compañeros. Es inglés, cumple hoy 21 años y con esa edad le ha dado tiempo a vestir la camiseta de la rosa en cinco ocasiones, debutando con dos ensayos, ya viajar con los British and Irish Lions por Australia. Además, ha sido nominado jugador revelación mundial del año.
Marcará la década que viene
Henry Pollock es el chico del momento. La tercera línea de Northampton Saints, de 1,88 y 105 kilogramos, es un jugador energético sin miedo al desafío físico al que le encanta sobreactuar cuando no está el balón en juego. Estrella emergente en las categorías inferiores de la selección inglesa, fue señalada por el campeón del mundo en 2003, Richard Hill, como una tercera que marcará la selección en la próxima década. Hill, un artesano casi amanuense que trabaja la cantera inagotable de terceras líneas inglesas en la sombra, después de modelar a Sam Underhill y Tom Curry, está tutelando el crecimiento de Pollock.
Henry Pollock, con la selección inglesa Sub-20, en un partido ante en el Recreation Ground de Bath / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
El chico agradecía a Hill sus enseñanzas antes de debutar con la selección absoluta: “Hilly me ayudó en el trabajo invisible para limar mis déficits. Me habló principalmente de mi ritmo de trabajo sin balón. A veces me da un poco de pereza caminar por el campo. Sus lecciones son muy buenas porque ve cosas que yo normalmente no noto”. Hoy Pollock es el referente en la delantera de Northampton, vigente campeón de la Premier inglesa y subcampeón de Champions. Pollock es desequilibrante en el descomponer por su clarividencia para detectar oportunidades para pescar balones, pero también por su velocidad, su juego de pies evasivo, y la capacidad de descarga y apoyo leyendo las defensas contrarias.
Al inglés le viene de familia la pasión por el deporte. Su madre Hester era triatleta de élite y lo despertaba al amanecer para nadar junto a sus dos hermanos mayores, que también son deportistas. Esa rivalidad con ellos despertó en él su afán de superación y “el odio a perder”. Crecido en los alrededores de Buckingham, Pollock es un tipo peculiar con un punto exhibicionista y una gran ética de trabajo: “No puedes tener un montón de momentos destacados y no hacer bien lo básico. No me enorgullezco de esos momentos destacados, me enorgullezco de lo que nadie ve. Eso es lo que gana los partidos: placajes, percusiones, pescar balones… Los fundamentos básicos que necesito tener en mi armario. Si te enorgulleces demasiado y piensas en el futuro, no vas a trabajar en lo básico. Me enorgullezco de trabajar eso todos los días y mantener los pies en la tierra porque, al final del día, eres tan bueno como tu próxima actuación, sin importar lo que haya sucedido en el pasado”.
Las cuentas pendientes con UBB
Este pasado fin de semana el calendario de la Champions ofreció una repetición de la pasada final de Champions entre los campeones vigentes, los franceses de Unión Bordeaux Bègles, con figuras como Louis Bielle-Biarrey, Damian Penaud o Matthieu Jalibert, y los ingleses de Northampton Saints. Había cuentas pendientes desde la final, en la que el galo internacional Jefferson Poirot acabó recibiendo una sanción de dos partidos por agarrar a Henry del cuello. No era el único que quería hacerlo.
Pollock jugó de 8 y justificó la apuesta de Phil Dowson, su entrenador, anotando dos de los cuatro ensayos de su equipo. El primero, en el minuto 10, sirvió para igualar el marcador, y llegó seguido de la parafernalia de celebración que acostumbra a escenificar el inglés. Pollock cazó un balón cruzado por su apertura Belleau al ala abierta para iniciar una carrera en mitad de la cual se sacó una patada más propia de un tres cuartos que de un delantero. La recogió aprovechando el bote irregular y ganó el pulso a Penaud para ensayar entre palos tras lanzarse a la piscina. Después se levantó, se llevó dos dedos a la yugular y terminó mandando llamar al público de Burdeos, que no dejó de abuchearle desde que saltó al campo.
El nuevo ‘goldenboy’ inglés regaló aspavientos y movimientos sobreactuados durante todo el partido a rivales y seguidores, lo que caldeó el ambiente. Un comportamiento que encendió a los aficionados ya los contrarios, viéndose desafíos personales hacia el inglés como el de Bielle-Biarrey después de frenar la carga del joven inglés. El de Northampton se siente cómodo en la hostilidad, aunque con ello encienda a los adversarios, lo que no siempre es beneficioso para su equipo. En esta ocasión UBB arrasó a los Saints (50-28) en un partido en el que Pollock fue el gran protagonista en las horas previas al hablar sobre el recibimiento que le esperaba y afirmar: “Me atrae el ambiente que me voy a encontrar. Es mi hábitat natural, me siento cómodo”.
El negocio del entretenimiento
Henry afirma ser “un chico normal con un impulso increíble por querer ser el mejor. Nunca estoy satisfecho con lo que hago. La gente de fuera no sabe quién soy. Pueden hacer suposiciones sobre mí, pero lo único que importa es lo que mis amigos, mi familia y los entrenadores piensen de mí. Creo que mi forma de jugar y de mostrarme siempre me pondrá en el punto de mira. Simplemente, sucede de forma natural”. Dowson, su entrenador, respalda el peculiar comportamiento de su alumno: “Quizás celebra con un entusiasmo un poco exagerado, pero no creo que sea el fin del mundo. Los chicos lo disfrutan y nosotros dirigimos un negocio de entretenimiento. Creo que el hecho de que Henry haya logrado crear tanto revuelo dice mucho del impacto que ha tenido”. En Inglaterra, que jugará a partir del 5 de febrero el VI Naciones, se empieza a hablar de su titularidad, porque hasta el momento nunca ha salido en el XV y está siendo utilizado por el seleccionador Steve Borthwick como jugador de impacto, un revulsivo que eleva el listón y tensa las cervicales de los delanteros rivales cuando salta al campo. Y al final, Gane o pierda, hace el pasillo y da la vuelta al campo agradeciendo a los aficionados por el apoyo o por esa hostilidad que le sirve para cargar las baterías en los partidos. Y olvida todo lo que ha pasado durante los 80 minutos anteriores.
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