MADRID, 14. – Fue solamente minutos después, cuando Luis Herrera se mostró conmovido ya punto de llorar en el podio, cuando los colombianos vinieron a sentir que la Vuelta a España ya era una realidad.
Así lo expresó un colombiano que logró colarse a la ceremonia de premiación: “Carajo, se ganó esta vanina”. Como él fueron muchos los compatriotas que esperaron más de tres, cuatro o siete horas al otro lado de las vallas. sobre el Paseo de la Castellana de Madrid, para ver a Lucho.

Después de ganar, a Lucho Herrera lo rodeó la multitud, entre gritos y aplausos celebraron la victoria del colombiano.
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Y si la expresión ambigua de felicidad e incredulidad se mezclaban con abrazos de júbilo, con banderas por todas partes, constituyendo el denominador comúnen el interior del equipo de Café de Colombia la conmoción era total.
Desde el más humilde de los ayudantes, hasta el más alto de los ejecutivos, no pudo disimular una lágrima, cuando Herrera pasaba la raya en medio de un frenesí desbordante.
Los compañeros de Herrera se sintieron, tal vez, un poco aislados en ese momento glorioso pero fue Marco León quien mejor mostró el sentimiento de ese instante. En fin, drama y alegría, caos y felicidad, todo unido en un solo sitio geográfico, mientras a millas de kilómetros un país completo vivía ese momento a través de la radio y la televisión.

Lucho Herrera, celebrando su triunfo de la Vuelta a España.
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¿Qué representaba realmente ese momento? Varias personas que siguieron la transmisión de la Vuelta se hicieron esta pregunta desde por la mañana.
Era como una fantasía, como algo irreal, que no se entiende. Luego de la lucha que tantas personas libraron porque esta victoria se diera, que se esperó tanto tiempo, ahora que el instante se dio, parecía como que nadie estaba preparado para lo mismo.
Por eso hubo que esperar un poco en la meta para entender y por eso, también, Lucho Herrera a punto de llorar en el podio fue el toque mágico que volvió a la realidad a todo el mundo.
Madrid de fiesta recibe a Lucho
Día festivo en Madrid por la celebración de San Isidro, el santo de los agricultores, que en Colombia también se festeja en los pueblos, Sin tanto bombo por supuesto, pero con mucho respeto.
Pues bien, esta coincidencia de un “jardinero” que gana en una fecha dedicada a los agricultores, tiene algo de simbólico y de intencional. Era como si todas las cosas hubieran estado allí para el triunfo de Herrera.
El hecho de ser día festivo, movilizó a una gran cantidad de espectadores, que se agolparon a lo largo de La Castellana. La meta tenía como fondo uno de los grandes escenarios deportivos, el Santiago Bernabéuuno de los templos del fútbol, hoy convertido, por obra y gracia de las circunstancias, en escenario indirecto de ciclismo.

Lucho Herrera levantando el trofeo, tras proclamarse campeón.
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Pero para los españoles la fiesta no estuvo dentro de la carrera, donde los ídolos locales eran ampliamente superados por los extranjeros, sino al lado de la colonia colombiana, dispuesta en todo momento a seguir la rumba. Ni los árboles se escaparon de las banderas nacionales. Al fin, el dominio del tricolor fue apabullante.
El final de la vuelta no podía ser mejor para un equipo colombiano aún incrédulo sobre lo que estaba haciendo.
En la mañana, el bus de Café de Colombia era un ejemplo perfecto de silencio, camino a Alcalá de Henares, inicio de la última etapa.
Habitualmente dispuesto a charlar, se hallaban en esta ocasión concentrados en lo que podría significar para ellos esa gran jornada.
Particularmente, Lucho Herrera no tuvo una sola intención de comentar algo con sus compañeroscomo una especie de meditación antes de la competencia.
En la carrera, sin embargo, Pasó a ser un león cuando se trató de defender lo suyo, demostrando que no es necesario hablar mucho para demostrar el valor. Y en el final, su emotividad fue el punto culminante a donde quisieron converger todos los colombianos.
Un poco de humanismo en la carrera.
Varias veces, a lo largo de esta Vuelta se habló de la dureza de la prueba. “Es para animales”, se susurraba en los corrillos. Tal vez no solamente haya sido dura, en el sentido técnico, también es, si se quiere, algo inhumana o, para ser más precisos, deshumanizada.
Se dice esto porque los triunfos y las derrotas conviven codo a codo. Los perdedores son perdedores para siempre, y los ganadores lo son por unas horaso, en el mejor de los casos, por unos días.
Herrera fue un ejemplo de héroe nacional rebajado a cobarde y vuelto a revitalizar como prócer con este triunfo en España.
Pero ese no era el sentido de la historia. La idea tenía que ver con los padres de Luis Herrera, venidos la víspera para ver el triunfo de su hijo.

Lucho Herrera en el podio de la Vuelta a España del 87.
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Para los españoles, la presencia de esta gente en el podio de La Castellana tenía una connotación humana. que le daba un toque de perfección a ese triunfo del colombiano.
Después de ver ese abrazo de los padres, fue notorio que sin su presencia esa premiación hubiera resultado incompleta. Ellos fueron el complemento perfecto. Y por si fuera poco, otro corredor colombiano, Omar Hernández, recibió en plena competencia la noticia de que su esposa daba a luz en Bogotá.
Definitivamente todo esto —Lucho y sus padres, Omar y su noticia en carretera, las millas de banderas, el ron que apareció quién sabe de dónde— es Colombia, y Colombia “se ganó esta vaina, carajo”…
JOSÉ LUIS VARELA C.
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