La veteranía ayuda a relativizar los disgustos con los que golpea el deporte. La Castellet Queralt de hace cuatro o cinco Juegos Olímpicos, cuando todavía era una cría, seguramente se habría roto en desconsuelo tras no poder completar ninguno de los tres intentos de la final. En 2026, con 36 años, 20 más que algunas de sus rivales, seis citas olímpicas en su palmarés y la plata de pekin 2022 para la historiaQueralt sonriendo. Sí, se puede reaccionar a una pesadilla con una sonrisa.
“No he conseguido planchar ninguna de las rondas que contaban, pero estoy contento con lo que hemos hecho en los últimos días. Estoy contento, en general.“, dijo después, con esa manera tan suya de decir las cosas, pues Queralt es de esas personas que no enfurece cuando la tostada se le cae del lado de la mermelada. Solo piensa que no pasa nada, que no es para tanto, que hay cosas peores. Y a seguir.
No hubo una nueva medalla que la habría canonizado (aún más) en el olimpismo español, no hubo tampoco un segundo diploma. La leyenda Castellet, en un medio tubo bajo unas condiciones traicioneras, la nieve cayendo un plomo sobre Livignoacabó la final en décima posición. Otro remate al palo de España en estos Juegos, tras los dos novenos puestos de Lucas Eguibar unas horas antes y de la pareja de danza de Olivia Smart y Tim Dieck en la víspera.
Una escabechina
La primera ronda, disputada bajo una intensa nevada que obstruía la visibilidad de los ‘riders’, fue una escabechina total. Solo cinco de los 12 finalistas pudieron completar su ejercicio.con un susto importante de la coreana Choi, que sufrió un violento golpe en su cabeza que no le impidió seguir compitiendo y ganando el oro contra todo pronóstico, derrotando a la doble campeona olímpica Kim. Sin consecuencias físicas, Castellet fue la que menos resistente en pie de todasdesestabilizada por completo tras su primer truco.
Dejó de nevar y la segunda ronda dio un respiro a las competidoras. Queralt llegó a completar los cinco trucos que tenía en su programa, pero en el descenso del tercero de ellos perdió por un instante el equilibrio y tuvo que apoyar su mano sobre la pared del tubo. Aunque no se llegó a caer, a efectos de puntuación y penalización no hay diferencias. Se la tenía que jugar a una sola carta, en el tercer intento, de nuevo bajo la nieve.
El final más cruel
Arrancaba la ronda en la posición de novena, fuera por tanto de los diplomas. En definitiva, sin nada que perder, poco importaba quedar novena o duodécimamenos aún para alguien que competía en su quinta final olímpica. Le guardaba un final cruel. Completó los cinco trucos, de menos a más, cayéndose cuando ya había descendido del quinto de ellos.. En el último momento posible.
Y entonces, molestando. Porque quien tanto ha ganado y sufrido sabe relativizar y ponderar la gravedad de los obstáculos que pone la vida. Y tal vez pensando que una carrera tan legendaria como la suya, no merecía un previsible final olímpico (“¡Qué sé yo!”, despejó en Livigno) de tristeza, sino de felicidad y gratitud.. Las que el snowboard español tendrán siempre por ella. Qué menos.
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