No hubo cabezas de cochinillo ni botellas de whisky —las redes cumplieron su función práctica y también disuasoria—, pero, aun sin todo ello, no debió de ser la noche más cómoda para Joan García. Pero para nada fue el vía crucis que se le … auguraba. Con su fútbol y sus paradas no solo salvó a su equipo, sino que consiguió que se hablara de él por algo más que las evidentes externalidades que pretendían doblegarle. El clamor y los abrazos de la última vez que pisó el césped de Cornellà-El Prat, en la salvación ‘in extremis’ del equipo perico, fueron esta vez dolorosos pitos. Desde su salida al campo, un agudo sonido de revancha por tan desgarradora traición sonaba intermitentemente según el portero de Barcelona tocaba el balón. Intercalado aquello con el cántico por antonomasia del partido: «Queremos la cabeza de Joan».
Sin embargo, el guardameta no pareció ni inmutarse ante la hostilidad. No dudó, no falló y, es más, sostuvo a su equipo en incontables ocasiones, siendo imprescindible para que el Barça llegara al 87 con vida y, por tanto, que el gol de Olmo supusiera tres puntos. En el 20, salvó por primera vez a su equipo manteniendo un mano a mano a Roberto y usando luego a Gerard Martín de escudo humano. Lo que estuviera pasando por su cabeza, para nada le afectaba a la hora de hacer su trabajo de manera excelente, que es como suele hacerlo. Ni la presión de la grada ni la de sus rivales le frustraron, y su mano al testarazo de Pere Milla en el 39 no es que evidenciara que no escuchaba los insultos, sino que parecía que los canalizaba y le hacían ser mejor. Con esa parada, una de las mejores de la temporada, demostró que incluso en el ambiente más infernal consigue ser de cemento, y, por tanto, que tiene los atributos personales —los deportivos han quedado ya más que probados— que hay que tener para defender la portería del Barça.
La segunda parte le tocaba al de Sallent de Llobregat en la portería más cercana a la grada de animación, la Canito, llena como nunca. Desde ella se mostró en el minuto 12 decenas de ilustraciones de ratas blaugranas dedicadas al portero culé. El Espanyol compitió sin complejos al Barça, y su gente se vio muy dentro del partido, olvidando la grada local al inquilino de la meta rival. Pero él mismo se utilizó de hacerse notar, aguantando el recorte a Roberto —de nuevo— en el 64 y volviendo a ser el santo de su equipo.
El debate de la semana (si Flick debería hacer jugar a su portero titular o ahorrarle el mal trago) quedó finalmente reducido a una disyuntiva ridícula. Joan García marcó la diferencia y le dio a su equipo lo que no se estaba ganando en el campo: el derecho a mantener la igualdad en el marcador. A falta de veinte minutos para el final, volvió a detener un remate a Roberto y podía ya garantizarse con quien soñaría por la noche el ‘9’ de Puente Genil. Cambió los papeles y reconvirtió la rabia. De villano a superhéroe de la noche. Su figura se estaba consagrando en el césped que le dio la oportunidad de jugar en Primera División, y en el 76 atajó la enésima ocasión perica para hacer el 1-0, que parecía predestinado a no llegar jamás. El tanto de Olmo fue el de la victoria culé en el feudo periquito, pero sería injusto obviar que si Joan García no hubiera hecho del milagro costumbre ese gol no hubiera tenido incidencia y el Barcelona no hubiera alargado su racha, que alcanza ya las nueve victorias consecutivas.
«Joan García no olvida lo que vivió aquí. Manolo le dio mucho, pero ahora juega con nosotros. Toda la temporada está jugando bien. Hoy, otra portería a cero»
Hansi Flick
Entrenador del Barcelona
Flick creyó que le debía un agradecimiento a Joan García por su actuación: «Le tengo que dar las gracias. Es uno de los mejores porteros del mundo». Con pragmatismo defendiendo el germano todo lo vivido en Cornellà-El Prat: «Joan García no olvida lo que vivió aquí. Manolo le dio mucho, pero ahora juega con nosotros. Toda la temporada está jugando bien. Hoy, otra portería a cero», añadió. El técnico desveló que había hablado con su portero sobre la atmósfera que se iba a encontrar en el derbi. De todos modos, «ya dije que estaba como siempre: tranquilo y confiado. Se ve en cada acción. Está muy concentrado, por eso está a este nivel», concluyó.
Los días anteriores al partido no contribuyeron ni mucho menos a bajar el suflé del partido. Más bien lo contrario. A Pere Milla le hicieron elegir en un programa satírico entre pisar a Joan García oa Lamine y la broma hizo la misma gracia en Can Barça que en el espanyolismo la foto publicada por Yamal la víspera del encuentro, en la que podía verse al de Rocafonda celebrando su último tanto en Cornellà-El Prat acompañado de una «ganas de volver». Y la riña llegó, incluso, a la calle. El grupo ultra ‘La Curva’ se encargó de que, al alba, las marquesinas de los puntos más emblemáticos de Barcelona (Sagrada Familia, Arco de Triunfo… y por supuesto el Camp Nou) lucieran carteles periquitos con referencias al derbi.
