Ha empezado el redoble de tambores electorales en Can Barça. Aunque para ser justos con el ambiente debemos rectificarnos y apuntar que lo que se escucha se asemeja más a la relajante banda sonora de una sala de masaje que al tronar de una sección de percusión. Entre el respetable predomina la convicción de que Laporta protagonizará un paseíllo militar y que revalidará la presidencia del club entre bostezo y bostezo. Tiene sentido que así sea. En el circo se aplaude lo que sucede a la vista de todos. Lo que acontece en las ruletas no tiene interés alguno mientras los payasos y los acróbatas hagan disfrutar al público en las funciones. Y como quiera que el número estrella del Gran Circo Blaugrana, el equipo de Flick, ilusiona y engancha Laporta no tiene nada de lo que preocuparse.
El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta junto al entrenador Hansi Flick
De ahí a considerar que en esta ocasión las elecciones no serán más que un trámite administrativo molesto y casi innecesario hay más que un paso. Sucede además que en el Circo Estelar Madridista los payasos más que reír, hacen llorar. Así que la comparación, ¡siempre los vasos comunicantes!, engrandece la singladura blaugrana. Más caldo reconstituyente para Laporta, que puede beberse dos tazas: la suya y la de Florentino.
Como el equipo de Flick ilusiona y engancha Laporta no tiene nada de lo que preocuparse
Siendo esto así, lo cierto es que las elecciones se asemejan al fútbol. Hay favoritos, resultados que se dan por ciertos antes de jugar los partidos. Pero lo inesperado, lo improbable, aquello con lo que nadie cuenta, se tornó carne algunas veces. Cuando suceden estas cosas recurrimos al tópico nada elaborado: “El fútbol es así”. Pero también podríamos echar mano de Esopo y su fábula de la liebre y la tortuga. La intuición del lector está acertada. En esta historia Joan Laporta es la liebre y Víctor Font la tortuga. La carrera es un huevo para el actual presidente blaugrana, pero hay que correrla. Y no hay ganador hasta que no se cruza la línea de meta.
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Se merece el Barça una alternativa creíble a la directiva actual que esté presta para pasar revista en cualquier momento, sea en unas elecciones o ante cualquier sobrevenido. El poder que no se siente cuestionado tiende inevitablemente a envilecerse, a abandonar la autoexigencia ya abrazar la impunidad. Basta con echar un vistazo a los ejemplos que protagonizan la política, o sin salir del fútbol al Real Madrid, para cerciorarse de la indefectibilidad de la afirmación. De Esopo es también la fábula del cuervo y la jarra, que enseña el valor de la paciencia. ¿Recuerdan? Un cuervo sentado encuentra una jarra de agua pero su pico no le alcanzaba para poder beberla. Agudizando el ingenio, el pájaro se dedicó a echar en el recipiente una piedra tras otra, hasta que consiguió que el nivel del agua subiera lo suficiente como para poder sacar su sed.
Traída a nuestra historia esta segunda fábula puede traducirse así: a toda tortuga que sepa ser también cuervo puede llegarle su momento. Si no ahora, después. Siempre que la deshidratación no se la lleve por delante antes de que las piedrecitas cumplan su cometido.
