“En el tenis profesional moderno, ganar partidos ya no es suficiente para construir valor de marca a largo plazo” asegura Informe de marca del tenista – Temporada 2025un estudio publicado recientemente por la plataforma especializada Tennium. Este análisis se ha elaborado, entre otros factores, mediante una encuesta a 5.200 aficionados al tenis en nueve mercados diferentes y profundiza sobre cómo son percibidos los jugadores más destacados en el circuito tenístico.
Según datos que ofrece la revista Forbeslos 10 tenistas, entre la categoría masculina y femenina, que más dinero generaron en el 2024 consiguieron el 68% de sus ingresos totales con acciones comerciales y patrocinios. Es llamativa la diferencia entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, actuales número 1 y 2 del mundo. El jugador español obtuvo un 76% de sus ingresos fuera de la pista, mientras que las ganancias para el italiano por acciones no relacionadas directamente con el uso de la raqueta descienden al 56%. En el estudio se refleja que los tenistas son un gran reclamo para marcas de relojes, ropa deportiva y, obviamente, raquetas de tenis.
A Nadal ya se le reconocía con sus rutinas de salida a pista y de saque, no hacía falta verle la cara”
“Los tenistas ya son mucho más de lo que hacen en la pista. Las marcas buscan referentes que estén alineados con su estrategia y hay una gran diferencia respecto a los últimos 20 años debido a la exposición que ofrecen las redes sociales, aunque lo importante es tener reconocimiento mediante los resultados deportivos y crear una identidad clara para saber lo que se transmite. Por ejemplo, a Nadal ya se le reconocía con sus rutinas de salida a pista y de saque, prácticamente no prácticamente falta verle la cara”, argumenta Tomás Carvalho, gerente de estrategia de Tennio.
“La manera en la que te comportas, cómo te relacionas con la gente, con los medios, con las marcas… todo eso construye una reputación. La comunicación, la gestión de los momentos de éxito y de dificultad y los valores que transmites acaban teniendo un impacto directo en cómo te percibe el público. Además de gestionar los acuerdos comerciales, mi agente me ayudaba en la relación con los medios, a veces con apoyo externo. Muchas veces, el trabajo más importante es filtrar y decidir qué tiene sentido y hacer qué no”, reflexiona Feliciano López, tenista profesional entre el 1997 y el 2023.
No parece que Alcaraz esté interpretando un papel y eso conecta de inmediato con la gente”
López también cree que el éxito actual de Alcaraz responde a “un talento excepcional y una forma de ser muy natural”. “Juega con pasión, se le ve disfrutando y transmite cercanía y respeto. No es forzado ni parece alguien que esté interpretando un papel y eso conecta de inmediato con la gente. Además, representa muy bien una nueva generación que entiende que el éxito no es solo ganar, sino cómo lo haces y cómo te comportas dentro y fuera de la pista”, enfatizó el que fuera duodécimo en el ranking ATP durante el 2015.
“La diferencia entre antes y ahora es la repercusión social. Los jugadores no tenían la misma conciencia que los de ahora, pero estaban más hechos a sí mismos porque no tenían tanta gente detrás y eso les hacía tener más carisma que los de ahora, como por ejemplo John McEnroe, Björn Borg o Andre Agassi”, asegura por su parte Tomàs Carbonell, quien fuera tenista profesional entre el 1987 y el 2001. “Agassi fue el primero que vivió del marketing y el que ganó más dinero fuera de la pista por tener la imagen de ser un rockero. Aunque antes fue Borg, que no quería ser así pero que lo tildaron de quinto Beatle”, añade Carbonell.
Alcaraz sabe que cualquier cosa que diga va a tener una gran repercusión”
Finalmente, en referencia a la rivalidad actual entre Alcaraz y Sinner, el extenista catalán opina que “a lo largo de la historia siempre se han buscado enfrentamientos directos, pero evidentemente ahora la repercusión es mucho más bestia”. “Alcaraz sabe que cualquier cosa que diga va a tener una gran repercusión cuando antes esto no se sabía. Antes, los tenistas no cobraban tanto porque las marcas no contaban con herramientas para medir el impacto de los tenistas y tampoco tenían tanto dinero”, concluye Carbonell.
