Lo que va de domingo a miércoles, en lo que al FC Barcelona se refiere, suma un presidente reelegido, un candidato muy perdedor, una ‘manita’ endosada al Sevilla que pasó de largo y siete goles, siete, que le endosó la generación del 2007 más los veteranos de guerra al Newcastle. Una barbaridad en una competición, la Champions League, que en los octavos de final nos ha dejado resultados abultados y muy poco habituales. Con el ‘ay’ permanente en el corazón, el Barça parece sumar arrestos en Europa a la par que consolida una Liga que para muchos -entre los que me cuento- ya está prácticamente ganada.
La chavalería nos tiene robado el corazón Desde que Flick, primero por necesidad y después por virtud, actuara casi más como padre que como entrenador.. Enseñar, formar, recolocar y, sobre todo, trabajar las mentes y las almas de estos menores de edad para soportar la presión, echarse a veces el equipo a la espalda y medirse ante los grandes del continente tiene mucho mérito. “Somos una familia”. Lo aseguran los pequeños y los mayores y da la sensación de que es así. Y el prestidigitador es un entrenador de 61 años que ya ha anunciado que éste será su último baile como técnico porque ya tiene ganas de pasar más de tres semanas al año en Formentera y disfrutar de los nietos. Que se lo ha ganado lo puedo firmar ya. no asi Juan Laportaque no imagina ‘el día después’ del alemán porque, como él, va a vivir el presente a la máxima intensidad. Con los sesenta también ya cumplidos ya sabiendas de que esta será su última etapa como presidente, va a disfrutarla como sólo él sabe y rodeado de su otra familia.
Estas elecciones, más allá de los macarrones y los pasos prohibidos en la sala Luz de Gas, ha puesto sobre la mesa al núcleo duro del mandatario culer. De absoluta confianza y profesionalidad cuestionable, los Alejandro Echevarría y los demás ya no están en la sombra. Si la familia es la que uno elige, éste último pasó de ser cuñado oficial a ‘ex’ entregado a la causa sin cargo conocido y con logros por conocer. Una bendición, según Laporta. Un castigo divino para muchos de los que callan y otorgan.
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