LaLiga Hace tiempo que verbalizó algo que parecía obvio: las grados llenas elevan el valor del fútbol como producto de entretenimiento. Sin embargo, no siempre —casi nunca— lo están, ni en el deporte rey ni, especialmente, en el resto de disciplinas. ¿Son los abonos demasiado caros? ¿Bajando precios se elevarían los índices de ocupación? En la economía de la atención, clubs y promotores se enfrentan a un dilema de difícil solución: ¿priorizamos maximizar la monetización del fan vía ticketing o somos flexibles en favor de una mayor relevancia? No es un debate alejado del que planteamos días atrás sobre las emisiones en abierto o de pago.
Al igual que en aquel escenario, las realidades son muy distintas según el deporte. Las propiedades de primera calidadcon LaLiga a la cabeza, pueden permitirse jugar con precios altos sin renunciar al lleno. Los datos de 2024-2025 revelan que el jornada crece a doble dígito, superando ya los 900 millones de euros. Con más de 17 millones de espectadores entre Primera y Segunda División, en el fútbol de élite no se ha frenado la afluencia pese a que el tíquet medio es mayor. En una posición de privilegio similar se encuentran el tenis, el automovilismo y algunos barrios del baloncesto de élite.
Sin embargo, el gran reto reside en el polideportivo, especialmente en clubes de capitales de provincia o de ciudades donde la sombra del fútbol —a veces de la propia sección del mismo club— es alargada. En este rango de propiedades donde el patrocinio y el apoyo público son el pulmón financiero, debería plantearse si con el Venta de entradas no hay que hacer un ejercicio similar al de las retransmisiones en los entornos digitales.
La conexión emocional
Igual que las marcas reclaman la máxima exposición posible en televisión, ¿la asistencia no debería ser una vía para maximizar el valor del patrocinio y no solo un ingreso directo? Un asiento vacío —cientos, millas— destruye valor y genera una percepción de irrelevancia que penaliza. La tiranía del asiento vacío es la peor contrapublicidad posible: devalúa el producto audiovisual y enfría la conexión emocional que justifica la inversión de las marcas.
Por no hablar del coste de oportunidad. Un ventilador que accede al pabellón, aunque sea con un precio simbólico, es un consumidor cautivo durante dos horas. A largo plazo, la conexión —el dato— de un joven aficionado vale mucho más que diez o veinte euros en taquilla. Si algo defiende el patrocinio como alternativa a la publicidad convencional es la conexión real con el consumidor; y nada comunica mejor esa salud que una grada llena. El equilibrio es complejo, pero en el deporte semiprofesional siempre habrá más valor futuro en un campo lleno que en una taquilla aceptable.
Louzán exprime el ladrillo de la RFEF
La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) Acelera en su estrategia de eficiencia financiera. El organismo presidido por Rafael Louzán ha activado una subasta pública para desprenderse de 14 activos inmobiliarios, con los que espera captar al menos 5,4 millones de euros. La operación, gestionada por la empresa estatal Segipsa, busca liberar el peso económico de propiedades sin uso diario y reinvertir parte de las plusvalías en las federaciones territoriales.
La joya de la corona es un chalet en Madrid valorado en 2,3 millones, aunque la cartera destaca por su capilaridad: locales en Valencia, Sevilla o Vitoria y suelos deportivos en Almería. Pese al atractivo de los activos, los pliegos revelan cargas urbanísticas y servidumbres que los inversores deberán asumir. Con este movimiento, la Ciudad del Fútbol prioriza la liquidez frente al patrimonio inmovilizado.
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