En un partido tan cerrado de espacios, el Barça se refugió en su jugador más creativo (Lamine) y el Espanyol esperaba salir con peligro a través de Pere Milla y Roberto. Desde la óptica azulgrana, el juego posicional se centró en la derecha con el diez y con un Koundé mucho más alto de lo habitual para generar complicidades con Lamine y para limpiarle la zona. Entre los dos sumaron 172 intervenciones. Una sociedad que, de nuevo, volvió a demostrar buena química y mucho potencial ofensivo. Justo por eso, es necesario destacar el trabajo de Pol Lozano y también Urko sin balón en las ayudas a un Carlos Romero asediado.
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