Mientras vela armas el prodigioso Mondo Duplantis, el hombre pájaro que acaricia el cielo cada vez que se eleva sobre la pértiga (la final es este sábado, a las 18.25h), los parroquianos polacos se asoman a las gradas del pabellón de Torun y degustan las maravillas que ayer abrían boca.
Pues igual que el sábado volará Duplantis, este viernes volaba Yaroslava Mahuchik (24), ésta en la altura.
Hasta 2,01m se alza la ucraniana que exhibe el récord del mundo al aire libre (2,10m) y el oro olímpico de París 2024.
Y luego proclama:
–Me siento feliz al compartir este título aquí, en Torun, ante tantos ucranianos que han venido a refugiarse. Me identifico con ellos. Yo también llevo años huyendo del pánico total que se vive en mi ciudad, Dnipró (desde que estalló la guerra, Mahuchikh reside y se entrena en Erlangen, en la Alemania bávara).
Y luego, orgullosa, también exhibe los malheridos colores de su agredido país: de amarillo y azul se había maquillado las pestañas, y tiende la bandera sobre sus hombros y se abraza a Yulia Levchenko, ucraniana como ella, que comparte la plata (1,99m) con otros dos rivales, Nicola Olyslagers (la australiana que toma notas en su libreta tras cada salto) y Angelina Topic, hija de otra leyenda serbia, Dragutin Topic, que también es su entrenador.
“Llevo años huyendo del pánico total en mi ciudad, Dnipró”, dice Mahuchikh, refugiada de guerra en Alemania
Y ahí van las cuatro, mujeres longilíneas que componen una imagen inédita. Lo nunca visto: un oro y tres platas en un podio.
Lo nunca visto también es lo que vive el atletismo español. Según avanza el día avanzan las rondas y casi todos se quedan en pie.
Mariano García, la motoy Carlos Sáez se plantan en la final del 1.500 de mañana.
Blanca Hervás, que supera la criba matinal del 400 femenino, se abre paso en las semifinales de la tarde (51s58), y solo se rinden Paula Sevilla (52s19, tercera de su semifinal), y Markel Fernández (cuarto, en 46s72) y David García Zurita (también cuarto, en 46s65), estos en las semifinales del 400 masculino, y Josué Canales, que se ataca en su serie. del 800 (quinto, en 1m47s30; sí sigue Moha Attaui, imperial).
Desde el entoldado del palacio cubierto, Guillem Crespí contempla los acontecimientos, el notable devenir de los atletas españoles. Sus 6s61 matinales le proyectan a las semifinales del 60, pero de ahí ya no pasa.
Por la tarde, registra 6s57. Es su marca personal, pero solo puede acabar quinto y al caer la noche en el exterior, arrullado por su propio éxito, se sienta en las gradas para degustar la final.
En el vértigo de los pasillos centrales que proyecta a los velocistas contra la colchoneta de frenada, Jordan Anthony (21) interrumpe la proeza de Trayvon Bromell, el velocista que se había hecho de oro hace diez años, en Portland 2016, y que luego vio la luz (se licenció en Teología, y en una entrevista con La Vanguardiaen el 2021, nos contaba: “Dios es real. Y la gente debe saber que todos somos unos humanos en una pequeña, pequeñísima, esfera. Que nos rodean cosas que apenas podemos comprender”).
Bromell, el hombre que vivió (y también sufrió) la era de Usain Bolt, es ahora tercero (6s45c448), y desde el cajón más bajo del podio (la plata es para el jamaicano Kishane Thompson, en 6s45c447) contempla la explosión de Anthony, quizás se identifique con él: acaso los 6s41 del campeón veinteañero reenvíen a Bromell a aquel 2016 en el que dominaba la velocidad más pura, la de las 28 zancadas.
