Carolina Marín (32 años) ha anunciado este jueves su retirada como deportista. La campeona olímpica de bádminton en Río 2016 cuelga la raqueta casi dos años después de su grave lesión de rodilla en los Juegos de París 2024, cuando en semifinales sintió un dolor agudo que le obligó a parar. Tenía como objetivo reaparecer en el Campeonato de Europa de 2026, que se disputará en su localidad natal, Huelva, pero al final no podrá ser.
Fue campeona olímpica en Río 2016, tricampeona mundial y siete veces oro continental
La onubense no ha vuelto a la práctica deportiva de élite desde la cita parisina, cuando se lesionó el 4 de agosto del 2024 ante la china Bing Jiao He (21-14 y 10-6). Su lesión y la imagen de sus lágrimas dieron la vuelta al mundo. Oro olímpico en Río, ya no pudo acudir por otra grave lesión de rodilla a los Juegos de Tokio. De hecho la de París fue su tercera lesión gravísima de rodilla tras las del 2019 y el 2021. Pionera absoluta del bádminton en España, un deporte que antes de ella no tenía ninguna relevancia en el país, y mujer de gran carácter competitiva se mantuvo en la élite durante muchas temporadas compitiendo con las jugadoras asiáticas, dominadoras de esta especialidad. Fue tres veces campeona mundial, siete de Europa y premio Princesa de Asturias de los deportes en 2024. Según indica en un comunicado, tras una profunda reflexión ha dado prioridad al bienestar de su rodilla y ha decidido que es el momento de la retirada y no poner en peligro la calidad de su vida futura: “No quiero poner en riesgo mi cuerpo por ello. Lo dije muchas veces. Soy consciente con mi decisión. Quería que mi final como jugadora hubiera sido de otra forma, pero en la vida, las cosas no siempre pasan como queremos y tenemos que asumirlo”.
“Las cosas no salen siempre como uno quiere”
Carolina Marín ha querido recordar a las personas que ha tenido más cerca en su despedida: “Este viaje no hubiera sido posible sin cada una de las personas que han formado parte de mi equipo ni mi familia. Gracias por no haberme dejado caer nunca, por estar a mi lado y por apoyarme en los momentos más duros. Gracias por vuestro amor incondicional, por no dejarme sola ni soltarme la mano. Gracias por vivir a mi lado un viaje maravilloso”.
A pesar de su ausencia en la pista, Carolina sí que estará en Huelva durante la semana de la competición, este mes de abril, donde llevará a cabo distintas acciones y eventos con el objetivo de devolverle a su ciudad el apoyo y el cariño recibido durante toda su carrera: “Quería que el camino acabase en Huelva y así será. No con la raqueta en la mano, pero sí en la ciudad que me vio nacer para cerrar un círculo de muchísimos años. Estaré allí para devolveros toda esa energía que me habéis dado durante todo este tiempo y vivir una semana inolvidable, porque esa niña que descubrió el bádminton y quiso ganarlo todo hoy es feliz y vuelve a su casa”.
De pequeña no destacaba y sus padres no sabían lo que era el bádminton
Siempre será recordada como un puro nervio cuando entraba en competición. Gritaba, se desfogaba, sacaba el puño y ganaba, sobre todo ganaba. Su vida ha sido el bádminton. Salía de su casa a primera hora de la mañana y regresó por la noche. Una de sus palabras favoritas es resiliencia. La lleva tatuada como una manera de afrontar los obstáculos que se le han ido presentando por el camino, como las intervenciones quirúrgicas o el fallecimiento de su padre.
Su lesión en los Juegos de París y sus lágrimas dieron la vuelta al mundo
“Los deportistas tenemos un umbral del dolor más grande pero por eso mismo a veces nos cuesta saber cuándo hay que parar. A veces tu cuerpo te detiene aunque tú no lo entiendas. Todo eso se física trabaja y mentalmente”, le explicaba a este diario antes de los Juegos de París. Quería más y más y forzaba todo lo que podía. Hacía lo imposible por reaparecer e imponerse. Su amor por el bádminton y la alta competición eran brutales. “El bádminton es mi profesión, es mi pasión, es mi vocación. Es mi vida, en definitiva. Es a lo que me dedico con todo el esfuerzo que soy capaz. Soy una privilegiada por poder dedicarme a lo que me gusta”, decía
Y eso que cuando empezó a jugar no destacaba. “Pues cuando empecé era muy mala, la verdad. A los ocho o nueve años era imposible decir que de ahí iba a salir una campeona de algo. Ahora, eso sí, yo siempre he tenido un carácter de no rendirme, de luchar, de perseverar y ese carácter lo he ido desarrollando y acentuando con los años. Soy muy competitivo. No me considero una deportista especialmente talentosa, al final la mayor parte del éxito radica en el trabajo diario”. Era cuando sus padres le preguntaban qué era el bádminton. Con 8 años descubrió el bádminton gracias a una amiga con la que iba al colegio ya flamenco. Tras cumplir los 12 escogió el deporte en vez del baile. Pasó de la escuela al club IES La Orden de Huelva. Dos años después se trasladó al CAR de Madrid, tras ser descubierto por Fernando Rivas en un Campeonato sub 15 en Menorca. Desde aquel día, se convirtió en su entrenador. Ahora ella y toda España saben de sobra qué es el bádminton. Eso es lo que más le enorgullece: haber puesto su deporte en boca de todos.

