Flick, Messi y Echevarría han sido el tridente más citado en esta campaña electoral que hoy llega a un debate indecentemente programado por TV3 a las once de la noche. Visto el debate del lunes, se volverá a pasar de puntillas por uno de los temas –prácticos y emocionales– que más nerviosos tiene a los socios. Los 84.000 abonados del Camp Nou quieren saber dónde se sentarán, definitivamente, cuando se terminen las obras y la rotación de espacios sea historia.
El silencio del Club sobre este tema sensible huele a chamusquina. Saben la verdad y no la quieren contar, y menos en período electoral por miedo a perder votos. A Laporta le apretaron, sobre este tema, en el ‘¿Què t’hi jugues?’ de la SER. Respondió: “el estadio ha crecido y la ubicación será casi la misma. La inmensa mayoría de socios conservarán la misma panorámica. Y hemos hecho reagrupaciones por razones familiares”. El adverbio “casi” es la clave. Conservar “la misma panorámica” será que el punto de vista será similar, pero no la misma butaca ni los mismos vecinos de siempre.
Tomemos la segunda grada, como ejemplo: si el palco ha triplicado su espacio y las dos primeras filas de la corona han pasado a ser asientos VIP, todos los que estaban ahí van a ser desplazados. El efecto dómino hará, en buena lógica, que casi todos los abonados tengan que variar de ubicación –ni que sea esos cuatro metros que dijo en su día la vicepresidenta Elena Fort–. Y nunca quedarán mejor posicionados que antes. Lo del reagrupamiento familiar que dice haber hecho, no puede ser verdad. Es más, no lo pueden haber hecho sin informar al socio, ni preguntar ¿quién es mi familia? O, peor, ¿quiero estar con mi familia si hace años que no me hablo con ella? Suena a bulo. Oh, una bola. Una más.
