El Oviedo salió con una estructura de 1-4-2-3-1 y con una intención ambiciosa. Los de Almada presionaron alto. Y eso significó un arma de doble filo para el Barça porque el equipo no tuvo excesivos problemas para salir de la presión ovetense, pero sí para construir después. Cada vez que los blaugrana pudieron progresar se precipitaron con pases excesivamente directos. Solo De Jong y Dani Olmo mantuvieron una confiabilidad de pase por encima del 90% en ese tramo, y eso se trasladó en uno de los primeros tiempos con más pérdidas en el último tercio de todo el curso. Al equipo le faltó una pausa para decidir mejor las últimas acciones.
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