Ni el peor enemigo hubiera diseñado un guion tan macabro para Brahim Díaz, lanzador de un penalti que, en el último minuto del descuento, le hubiera dado a Marruecos su segunda Copa África 50 años después (la primera y única fue en 1976).
El jugador malagueño, en su primera Copa África, terminó con una pesadilla: no había tiempo para más; 0-0… y en casa; un penalti un favor; lo tiraba el mejor artillero de toda la Copa; con el MVP del torneo esperándole... Pero el fútbol es caprichoso. ‘Panenka’… Edouard Mendy adivina la intención… y lágrimas.
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La pregunta que se hacen todos es… ¿Por qué lo tiró así? Y la respuesta tiene que ver con dos cosas: el chico estaba en un momento dulce, había marcado en cinco de los seis partidos, y tenía mucha confianza; y dos, a Brahim, para quienes le conocemos desde que era pequeño, no le asusta la responsabilidad. Siempre la consolidó. Lo tiró así porque creyó que asó lo iba a marcar. Fácil en la mentalidad de un jugador, aunque el hincha no lo entienda.
En paralelo, era un penalti con muchos condicionantes anímicos: 15 minutos para pensar en soledad dónde lo tiraba (el tiempo en el que Senegal amenazó con irse del campo); con todos los rivales pisando el punto de penal para distraerle; con el portero Mendy, retándole e incluso empujando al malagueño; con puñetazos y sillas volando en el otro extremo de la grada, en la pelea viral entre Policía e hinchas senegaleses; con toda una eternidad para pensar que podría ser el héroe del país tras elegir Marruecos como Selección y con todos los focos alumbrándole. Pero se falló. ¿Se debe tirar en esas condiciones?
Altercados en las gradas del Senegal-Marruecos
A partir de ahí, a Brahim se le vino el mundo encima. Lágrimas internas y externas. De hecho, fue cambiado al poco tiempo de empezar la prórroga (a todo esto el chico jugó infiltrado pues acabó las semis ante Nigeria ‘muerto’ por el esfuerzo hecho). Walid Regragui, que antes de empezar el tiempo extrase fue a decirle algo (no sabemos qué, pero nada parecía positivo), lo cambió en el 98′. Senegal había marcado en el 94′ y BD no ‘estaba’ sobre el campo. Ya se ‘había ido’ y no podía pensar en otra cosa, aunque incluso tuvo una ocasión en ese intervalo de tiempo.
Estaba tan devastado que, al acabar el partido, no lo vimos sobre el césped. Su tristeza era acompañada desde el banco de suplentes por el fisio español Eduardo Álvarez, su hombre de confianza en la Selección y exfisioterapeuta personal de David Silva. Fue su paño de lágrimas.
El chico sufre y sufre. Aún así, tuvo el arrojo de formarse para el pasillo a Senegal y recibir su trofeo de ‘pichichi’ del torneo y luego la medalla de subcampeón. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, tuvo gestos cariñosos hacia él. Pero BD ya estaba con la mirada perdida. No le consolaba ni haber hecho una gran Copa; ni tener ese premio sólo para elegidos; nada de nada. Era la peor noche de su vida.
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En la grada, con el ánimo por los suelos, pero siempre apoyándole, estaba toda su familia: sus padres, Sufiel y Patricia, sus cuatro hermanas, y muchos más familiares que habían venido a ver la final. La misma gente que hoy estará ahí detrás respaldando su ánimo.
No es el único apoyo. Las redes personales del chico se inundaron de marroquíes, y fans en general, dándoles ánimos. Un apoyo que continuará pues su vida marroquí seguirá en marzo con varios amistosos y el Mundial de verano, en el que debutará ante Brasil. Luego llegará la Copa África 2027 en Uganda, Tanzania y Kenia, y mucho más. Es un palo grande, pero la vida de BD sigue.
Tras el partido, BD volvió con sus compañeros al complejo Mohamed VI, donde se concentra la Selección. Imagínense con qué ánimo. No hay ni que escribirlo. Por supuesto, no pasó por zona mixta. Ni él ni ningún miembro de la delegación marroquí.
Esta noche o mañana el chico regresará a Madrid para volver a los entrenamientos con el Real (no se cree que sea mañana), y el encuentro con su nuevo entrenador, Álvaro Arbeloa. A partir de ahí, empezará una nueva vida para BD. Se viene la reconstrucción, pero, desde pequeño, el malagueño siempre fue fuerte de mente.
