El Barça nada en la abundancia (futbolística) y el Real Madrid está con el agua al cuello. Los problemas del club azulgrana son ahora los propios del exceso y la exuberancia. Y esos contextos también generan fricciones en forma de desilusión. Pedro Fernández, alias Dro, es muy joven todavía (18 años acabados de cumplir) pero todos los jugadores que están por delante de él en su demarcación no sólo son buenos sino también jóvenes, así que su frustración es comprensible y no puede sorprender. El quid de la cuestión es saber por qué se marcha de un club en el que soñaba triunfar y por qué ahora.
Más allá de las opiniones surgidas desde la visceralidad para abordar este tipo de casos altamente sensibles, y del comprensible enfado de Hansi Flick, que detesta los imprevistos y no se esperaba la marcha del futbolista a mitad de temporada, resulta deontológico explicar las motivaciones de Dro que, equivocadas o no, quedarán silenciadas en los próximos días por el ruido y las acusaciones manidas relativas al dinero, la traición y otros tópicos.
Dro se vio taponado por centrocampistas jóvenes como él, pero su decisión ha desconcertado
Dro jugó sus últimos minutos en el primer equipo contra el Atlético en el Camp Nou, el pasado 2 de diciembre, hace meses y medio. La medida del tiempo es subjetiva. Para el damnificado, fue demasiado. Para otros, insignificantes. Entró al campo unos minutos en la segunda mitad y resaltó por su sangre fría y técnica en un momento complejo por la magnitud del adversario. Dro es un centrocampista ofensivo de pie aterciopelado y buena planta a la espera de ganar más músculo.
Desde entonces Dro no ha disputado un solo minuto y nadie, ni siquiera los que hoy se escandalizan, le reclamó. Especialmente decepcionante para él fue el partido contra el Guadalajara de Copa del Rey, idóneo para tener una oportunidad y para el que no hubo guiño por parte del entrenador. Los futbolistas son así.
Dro, feliz junto a Fermín, durante el Barça-Olympiacos disputado en octubre
Fue por entonces cuando la idea empezó a crecer en su cabeza y en la gente que le asesora, esa a la que Flick acusa sin matices de su marcha. Dro pensó en todos los demás (Dani Olmo, Fermín, Pedri, Frenkie de Jong, Bernal, Casadó, Gavi cuando se recupere, Eric García como pivote e incluso Raphinha como mediapunta) para acabar pensando en sí mismo. El futuro blaugrana desapareció y se le fundió al negro. Iván de la Peña, su representante, el mismo de Eric García y Gavi, empezó a trabajar en el tema y el asunto se aceleró. Hoy la decisión de irse es definitiva pero no aún el destino elegido, aunque gana peso el PSG, entrenado por Luis Enrique, también llevado por De la Peña. La decisión se anunciará esta semana. Alargarla no beneficia a nadie.
En el Barça hay un cabreo tan monumental como razonable, compatible con lo explicado. Con la mayoría de edad alcanzada reciénda el club asumía que la cláusula de rescisión de una de sus mejores promesas estaba desfasada, así que la intención era sentarse y hablar. Deco y De la Peña suelen hacerlo para este y otros jugadores. No habrá diálogo posible esta vez. El jugador depositará los seis millones de euros de su cláusula de rescisión. Su paciencia ha sido la de los nuevos tiempos, poca.
Su carrera dictaminará el acierto o el error del paso dado. Si estamos ante Thiago Alcántara o ante Ilaix Moriba. Ambos le precedieron en un adiós equiparable.
