En el año 2021 el FC Barcelona se encontraba en una situación económica crítica, hasta el punto de tener dificultades para pagar las nóminas de los trabajadores. El coste de la plantilla deportiva representaba el 98% de los ingresos; Prácticamente todo lo que el club ingresaba se destinaba a salarios. Las pérdidas ordinarias se compensan con operaciones extraordinarias, como traspasos de jugadores. Antes incluso de la pandemia ya existían tensiones financieras relevantes. Desde un punto de vista estrictamente económico, el modelo no era sostenible y exigía decisiones estructurales inmediatas.
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