Después del trompazo en albacetese ha impuesto la realidad de la situación por la que atraviesa el equipo: peligro de desmoronamiento. El cambio de entrenador, que a veces supone una motivación extra, nuevas ideas o soluciones tácticas, también puede derivar en un escenario de confusión y despiste generalizado. Del plomazo estratégico que recibirían los jugadores de Xabi −lo de los vídeos muy largos queda para la historia de las quejas caprichosas−, han pasado al reiterativo discurso de Arbeloa sobre los valores, el escudo y la historia del club, que quiere provocar el resurgimiento de esta plantilla. Arbeloa aspira a tocar la fibra sensible del vestuario pero, si no recupera el juego y siguen sin entenderse en el campo, los jugadores pueden perderse definitivamente.
Por mucho que el novato entrenador defienda la cantera blanca, parece imposible que pueda apostar por algún chaval y dejar en el banquillo a los figurones del equipo. Así que terminarán jugando los mismos y necesitarán otros planos, otras tácticas que les permitan salir de la espesura en la que habían caído. Si no se despeja el juego o no consiguen jugar bien, por mucho que se quiera tirar del espíritu de viejas glorias y batallas antiguas, los futbolistas tendrán las mismas dificultades para superar a rivales potentes. Es un momento de urgencia y ya no hay tiempo para ensayos ni pruebas, es una zona de peligro máximo para este proyecto deportivo.
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