A la sombra del muro, un grupo de niños calienta en la banda. El césped artificial de la pista de entrenamiento es la única nota de color en el campo de refugiados de Aida, en Belén, en la Cisjordania ocupada. El partido comienza bajo la mirada atenta de decenas de torretas, con soldados israelíes como únicos espectadores.
“Tenemos unos 200 niños en nuestra academia de fútbol, tanto chicos como chicas”, explica a La Vanguardia Munther Amira, director del Centro Juvenil de Aida. “Además, hay al menos otros 150 o 200 niños que vienen simplemente a jugar y divertirse”, añade.
El pequeño recinto –reformado por última vez en el 2020– forma parte de la vida de los habitantes de Aida desde la fundación del campo de refugiados, en 1950, dos años después de la creación del Estado de Israel. A este enclave, situado a escasos kilómetros de Belén, fueron expulsados millas de palestinos procedentes de otras partes del país. Hoy en día, Aida es el hogar de 7.250 personas acostumbradas a los puntos de control ya las redadas del ejército israelí.
“Este campo es el único espacio libre al que nuestros hijos pueden acceder desde hace más de 70 años”, declara Amira. La escuela busca sacar de las calles a las nuevas generaciones del campo de refugiados y darles esperanzas para poder salir de ese entorno opresivo.
“Tenemos unos 200 niños en la academia”, explica Munther Amira, director del Centro Juvenil de Aida
“Vi a otras chicas jugando al fútbol y me descubrí a mí misma. Vi que podía llegar a ser profesional”, dice Lana, de 11 años, enfundada en una camiseta del club chileno Palestino. “El Centro Juvenil puso muchas actividades: fútbol, voleibol, balonmano, columpios… y ayudó mucho a las niñas. También nos animaron a viajar ya conocer otro tipo de vida, a abrirnos al mundo”, añade la joven palestina.
Una vía de escape con un futuro incierto tras la orden de demolición emitida por el gobierno el pasado noviembre. Según un cartel colgado en la entrada de la cancha, el campo debía ser destruido por “razones de seguridad”, explica el director.
El aviso oficial del gobierno, al que ha tenido acceso este diario, argumenta que el campo está construido de forma “ilegal” y que “cualquier continuación de las obras constituye una ofensa criminal”, aunque las últimas reformas datan de hace seis años. “El motivo real es hacer la vida de los palestinos más miserable”, matiza Amira.
Fútbol en Palestina
Sin embargo, el juego aún no está perdido. Junto a la Fundación Avaaz, el Centro Juvenil de Aida lanzó una campaña internacional para detener la demolición. El texto pedía directamente la “intervención urgente” de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y de Alexander Ceferin, presidente de la UEFA, ya que “las excavadoras podrían llegar pronto”.
“Este campo es el único espacio libre al que nuestros hijos pueden acceder”, declara Amira
La campaña fue un éxito: en dos meses reunió un total de 350.000 firmas para detener la demolición del campo. A escasos días de la fecha prevista para el derribo, ambos organismos se pusieron en contacto con las autoridades israelíes y consiguieron una prórroga, de momento indefinida.
Según las organizaciones locales, el propio Ceferin mantuvo tres llamadas telefónicas con el presidente de la Federación de Fútbol de Israel (IFA, en inglés), y la FIFA también se puso en contacto con las autoridades para salvar la cancha de fútbol.

Fútbol en Palestina
“Hasta ahora, las únicas noticias que tenemos proceden de los medios israelíes, que han publicado que el ejército ha congelado la demolición del campo”, explica Amira. “Pero, por nuestra experiencia con las autoridades israelíes, sabemos que, sin un documento oficial, pueden venir en cualquier momento y demoler el campo de juego”, añade.
Ibrahim, que a sus doce años sueña con ser como Cristiano Ronaldo, no podía imaginar que la élite del fútbol mundial se movilizaría para que él y sus compañeros pudieran seguir con sus entrenamientos. “Ellos demuelen y nosotros volvemos a construir”, dice el chico, antes de ser reclamado por su entrenador.
En dos meses se reunió un total de 350.000 firmas para detener la desaparición de la instalación.
Entre toques y chuts a portería, un pintor inmortaliza el espíritu futbolero de Aida sobre las placas de hormigón de ocho metros que bordean la banda izquierda de la pista. Taqi Spateen, uno de los artistas urbanos más reconocidos de Palestina, pinta a brochazos un gran balón que resquebraja –de forma figurada– el imponente muro.
“Cuando decidí que quería dibujar en este lugar, pensé en cuidar a los niños. Ellos y el mundo deben entender este mensaje”, explica Spateen. “Quieren una vida mejor: poder jugar al fútbol, cantar, bailar y también pintar murales”, añade, con un mensaje claro: “El pueblo palestino también merece una buena calidad de vida”.
