Cuando era una cría muy cría y recorría las laderas de los Pirineos persiguiendo a Jordi y Susana, sus padres, que se iban pendiente arriba sobre las raquetas o pendiente abajo sobre los esquís, María Costa (23) no se preguntaba nada, tan solo disfrutaba del elemento blanco.
¿Las reflexiones espirituales?
Para los mayores.
¿Ser olímpica algún día?
¿Quién piensa eso cuando tiene cinco o seis años?
–Lo que yo sentía era curiosidad –nos dice ahora.
La he telellamado a Santpedor, donde viven sus padres, pero ahora ya está en Bormio, que es el escenario del skimo (esquí de montaña) en estos Juegos de Invierno que van a estrenarse mañana.
–¿Usted nació en Santpedor?
Silencio en la sala.
Y al final:
–Sí, nací en Santpedor ¿conoce el pueblo?
–Hombreeee, es el pueblo de Pep Guardiola –le observa.
–Eso, el pueblo de Guardiola. Por eso es famoso el lugar…
–Pero también lo será por usted, ahora que va a ser olímpica, ¿no lo cree?
–En fin: siempre me dicen que, aunque gane dos oros olímpicos, Santpedor siempre será el pueblo de Guardiola. No sé, estaría bien romper ese mito.
–¿Y usted trató al mito?
Me recuerdo con once años y cierta pereza en la pista; Yo quería hacer muñecos de nieve”
–Oye, no. Pero mi padre y Guardiola, de pequeños, jugaban juntos al fútbol. Y con el tiempo, han mantenido el contacto.
El padre, Jordi, tiene un taller de hierro en Manresa. Y la madre, en su día, se había compinchado con el marido para llevarse a la niña monte arriba, por los montes de la Cerdanya o por el Pirineo francés, para ir metiéndole el gusanillo.
María Costa, en el centro, junto a sus padres y su hermano
–Y mírese –le digo.
Y se encoge de hombros
–¿Y cómo decidió dedicarse al skimo? –le pregunto.
(Skimo, acrónimo de esquí de montaña; esta disciplina debuta como olímpica: en unos tramos, los esquiadores calzan las pieles sobre los esquís y se lanzan pendiente arriba; en otros tramos, ascienden corriendo; al alcanzar la cima, se retiran las pieles de los esquís y bajan esquiando; en hombres, la prueba dura alrededor de dos minutos y medio; en mujeres, tres minutos largos. En términos de sufrimiento físico, la prueba se parece a una carrera de mediofondo del atletismo, algo así como los 1.500m).
–Aparte de llevarme a esquiar, mis padres disputaban carreras populares. Y yo hacía esas cosas, corría con ellos, y también practicaba esquí de fondo y alpino. Luego apareció el skimo y resultó que me salía bien. Tanto que…
–Se metió a fondo.
–En fin, no crea. Me acuerdo de mis amaneceres a mis once años, madrugando para subir a entrenarme. A veces me quería parar y jugar, hacer un muñeco de nieve. Las condiciones podían ser muy duras, me provocaban pereza. Luego apareció el club, el Mountain Runners del Berguedà, y disputé mi primera carrera. Quedé la última, pero me daba igual. No pensaba en ganar, mi ilusión se redujo a ponerme el dorsal. Luego, sí, ya empezó a ganar.

María Costa, sobre sus esquís, en su infancia
Y entonces vino la beca.
Y la posibilidad de marcharse a vivir al CAR de Font Romeu, donde se graduó en INEFC, donde se entrena a diario y comparte residencia con Ot Ferrer, Marc Ràdua y Biel Pujol, otros astros del skimo.
–Me fui de casa a los 15 años.
En mi primera carrera acabé la última; me dio igual: mi ilusión era ponerme el dorsal”
–¿Y nunca se ha arrepentido?
–Al principio, por supuesto. Llegué en septiembre, no había nieve y no hablaba francés. Hacía los exámenes con el diccionario de idiomas. En vez de esquiar, saldríamos a correr. Me preguntaba: ‘¿Qué hago aquí?’. Me enfoqué en un reto, los Juegos de la Juventud de Lausana 2020, que se disputaban en mi segundo año allí. Y aquí sigo…
–Está usted en unos Juegos de Invierno…
–Qué loco, ¿no? También me preguntó qué hago aquí.
(La modalidad sprint del skimo femenino se disputa el 19 de febrero; aparte de María Costa, España también cuenta con Ot Ferrer y Ana Alonso y Oriol Cardona; Alonso y Cardona, que disputan el relevo, son muy serios candidatos al podio).
