Ni la visita del equipo más anotador de Europa intimidó al Madrid. Scariolo ha creado un monstruo, una máquina que aspira a la perfección, un equipo con tan pocas fisuras y tantas virtudes que, ahora sí, es difícil no imaginarlo a final de … temporada con un trofeo de categoría entre sus prodigiosos dedos. Salvo por el maquillaje aplicado en el último cuarto, salió el Mónaco escaldado del Palacio, la sexta victoria consecutiva de los blancos en su feudo en Euroliga. De hecho, los últimos capaces de asaltarlo fueron los del Principado hace casi un mes. Pero el Madrid, en ese tiempo, ha pasado de barco a la deriva a portaviones de última generación.
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real madrid
Campazzo (17), Abalde (8), Hezonja (12), Okeke (3), Tavares (13); Lyles (20), Maledón (0), Deck (0), Garuba (11), Llull (2), Feliz (0), Len (2). -
Mónaco
Okobo (7), James (17), Diallo (4), Theis (12), Mirotic (15); Blossongame (5), Michineau (1), Hayes (0), Tarpey (4), Nedovic (2), Strazel (12). -
Parciales
23-11; 31-18 (54-31); 17-22 (71-53); 19-25 (90-78). -
Los árbitros
Milan Nedovic (Eslovenia), Marcin Kowalski (Polonia) y Luka Kardum (Croacia). Descalificaron a Theis tras acumular cinco faltas personales.
Después de la tradicional e intensa pitada a miroticoresentido de por vida el madridismo tras su fichaje por el Barça en 2019, comenzó un duelo de lo más estimulante, a cara de perro dos de los ejércitos más imponentes del continente. Aterrizó el Madrid en el choque con un auténtico festival, un parcial de 13-4 que dejó descolocado al Mónacoapabullado por la decisión de Hezonja, el acierto de Abalde y el habitual cerrojo forjado por tavaresque también se prodigaba en ataque. Lyles se unió al vapuleo y los del Principado tenían hasta miedo de asomar la cabeza.
El dinamo Garuba, imprescindible en este Madrid, comenzó a generar boquetes en el casco visitante cuando este amenazaba con centrado, una ráfaga culminada por un clásico instantáneo, una canasta de Llull desde la esquina y sobre la bocina que dejó sin palabras al Palacio, que disfrutaba como nunca en esta campaña. No habia noticias de Jaime ni de miroticolos únicos dos hombres capaces de evitar un hundimiento casi inevitable, o al menos esa era la sensación al descanso, que llegó después de un profundo triple de Campazzo.
Strazel y su anarquismo buscaban un punto de inflexión, una razón por la que creer en un destino que no fuese ruborizante. Sin embargo, la excelencia del Madrid no tenía límites y, en la segunda parte, centró sus esfuerzos en defensa para domar cualquier amago de remontada. La fe monegasca era admirable, mucho más centrada. Jaime y su insultante capacidad para anotar. La diferencia era de 13 cuando había rozado la treintena. Aun así, un par de actos de valor de tavares y los fogonazos de Lyles fueron suficientes para evidenciar la obviedad: el Madrid había hecho un partido de categoría.
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