Más de 4.000 aficionados del Benfica inundaron el Paseo de la Castellana y sus aledaños, distribuidos en distintos grupos, haciendo ruido, con bengalas y pintando unos prolegómenos acordes con la alta intensidad que la que está viviendo este duelo entre el Real Madrid y el Benfica, marcado ya no por el regreso de Jose Mourinho al Santiago Bernabéu, sino por la sanción de la UEFA a Giuliano Prestianni por el insulto considerado como racista a Vinícius Júnior en el partido de ida.
Los más de 1.800 agentes tuvieron que realizar algunas cargas policiales para contener a los hinchas antes de la entrada al estadio. Bajo unas estrictas medidas de seguridad, los aficionados estuvieron en una zona acotada, entraron por grupos pero antes fueron cacheados con tal de que no entraran ningún objetivo prohibido al estadio, tampoco la pirotecnia que les acompañó en los exteriores.
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La guerra entre ambos clubes es un hecho después por Prestianni. El argentino fue recibido al grito de racista al salir del auto el martes, antes de ir al entrenamiento. Los lisboetas, en cambio, consideran, como publicó el propio jugador en sus redes al conocer la confirmación de su sanción provisional de un partido (luego borró el tuit), que el Madrid tiene “vínculos con la UEFA”. Lo tildó de “vergüenza”.
A pocos kilómetros, más cerca de Cibeles, en el Hotel Intercontinental, Mourinho se subía al autocar del Benfica. Los aficionados portugueses no se perdieron ese momento, de ánimo a sus futbolistas y al técnico, que verá el encuentro, como ya ilustramos en la previa del encuentro, desde uno de los palquitos junto a la zona de prensa, con el mismo procedimiento que siguió por ejemplo Hansi Flick, que también vio el encuentro del Bernabéu desde ese lugar.
