Si no existieran, a este tipo de personas como Tess Escribano (45) habría que inventarlas. Pura positividad, derroche de empatía y una gran capacidad resolutiva para desfacer entuertos . Su participación en el Dakar, en un rol entre bambalinas como hacer de coordinadora del equipo de motos Joyride Race Service, es básica para la estructura de Armand Monleón, el copiloto de Igualada. Su padre, Armand sénior, tuvo buen ojo en el 2022 al ofrecer trabajo a esta valenciana apasionada de las motos que cambió el asfalto por la arena del desierto…
–Para hacer este trabajo hay que tener mucha empatía y, sobre todo, saber dónde estás: cuando vas al Dakar no tienes tus ocho horas de trabajo, esto es 24/7. A la hora que sea y donde sea debes estar dispuesta y tener muchísima actitud. No puedes decir “yo aquí no duermo, esto no me lo como”. En mi primer Dakar, el mejor consejo que me dieron fue: cuando haya comida, ven; cuando tengas tiempo, duerme –explica Tess Escribano, que se inició en el automovilismo como oficial de motos, empezó a trabajar de comisaria de pista en la curva 6 del circuito de Cheste (donde todavía es responsable del puesto), hasta que un buen día del 2018, cambió el asfalto por la tierra, al acudir al Panáfrica Rally, en Marruecos, como ayudante de dirección de carrera.
resolutiva
“En el Dakar, apago fuegos. Debes tener muchos contactos, saber a quién acudir”
Fue su bautismo en los rally-raids, la entrada a una nueva dimensión de las carreras que la fascinó.
–Me encantó ese mundo. Hasta ese momento solo había hecho de comisaria en circuitos. No tenía ni idea de rally-raids, no conocía a nadie. Sí que había visto el Dakar por la tele, pero no tenía afición. Lo que más me encantó fue el formato, que los pilotos no conocían la ruta, la gente era súper cercana, se podía trabajar muy bien… a distinta velocidad, eso sí.
En uno de los rallyes conoció a Gerard Farrés, el piloto de Manlleu, que se acababa de pasar de las motos a los coches SSV y necesitaba una coordinadora de equipo. Así fue como se estrenó en el Dakar, con farretien la edición 2019 en Perú.
–“Yo aquí no vuelvo”, me dije. Para mí fue durísimo, no lo esperaba así para nada, conducir tantos kilómetros, dormir tan poco…
Así que decidió bajarse del tren del Dakar y subirse a un vagón de Dragon Khan: el equipo mexicano de motos Nómadas Racing…
–Era un show, un desastre máximo: todo a última hora, faltaban un montón de cosas, inscripciones a medio hacer… Son muy amigos míos, los quiero un montón, y les dije: “Os voy a acabar matando, vamos a dejar de ser amigos y no quiero”, y se acabó.
Después de tres años con ellos, uno en la Africa Eco Race (2020) y dos en el Dakar (2021-22), acabó “de los nervios”. Prefirió quedarse sin trabajo y volver a casa… aunque estuvo poco tiempo en el paro, porque se cruzaron en su camino los Monleón, a los que ya conoció de otros rallies.
Tess Escribano es la coordinadora del equipo de motos Joyride
Su labor en Joyride es llevar la coordinación del equipo, es decir, organizar la ingente tarea administrativa y burocrática, la logística, las inscripciones de los pilotos y mecánicos, organizar los viajes, visados, hoteles, facturas… además de la parte reglamentaria, que comprende sanciones y recursos, acompañar a un piloto si requiere atención médica… En total se hace cargo de 14 personas, 8 de staff y 6 pilotos (dos chinos, un suizo, un español, un australiano y un argentino).
–Son muchísimas cosas. Yo soy la bombera. En el Dakar, apago fuegos. Debes tener muchos contactos, saber a quién acudir, porque en Arabia no dispone de los recursos que tienes en Europa… –explica Tess, a menudo con complejo de “mamá” de los pilotos y de los chicos del equipo. –Voy detrás de ellos todo el día: tienes que ir a comer, tienes que ir a dormir, descansa, deja el móvil…
Además de su pasión por las motos y su facilidad para solventar marrones, Tess tiene mucho carácter.
–Sí, tengo genio. Se me lleva bien hasta que se me pela el cable. Soy cañera, pero siempre con educación y sin faltar al respeto. Ayudo siempre a todo el mundo, porque sé que algún día me van a tener que ayudar a mí –explica la valenciana, que pese a la dureza del rally, pese a dormir no más de cuatro horas diarias en la furgoneta del equipo, se puede permitir un capricho en el Dakar:
–Ducharme todos los días. Es un lujazo. Hay días en los que tienes que elegir: ducharte, cenar o dormir, y yo siempre elijo ducharme. La ducha es sagrada.
En la maleta
Que no falte la nocilla
“En mi maleta no falta un bote de Nocilla… que luego los chicos del equipo siempre me quitan”, explica la coordinadora de la estructura Joyride. La crema de avellanas suele ser uno de los placeres preferidos de los dakarianos, que Tess se viene con galletas, con tortitas de pan o con todo lo que encuentran. “La comparto siempre”. Conocedora de las singularidades del Dakar, Escribano se lleva solo “lo básico” y los “porsi”, “cosas por si llueve, por si hace calor…”
