Hace unos años se puso de moda calificar los Barça-Madrid como los partidos del siglo. Era una hipérbole, un recurso literario del periodismo, que siempre tiende a la grandilocuencia. En los tiempos modernos de deslocalización del fútbol, en los que se juegan clásicos hasta en Miami, Las Vegas o Dallas, lo que sí que hay que reconocer a los clásicos de Arabia Saudita es que desde el 2022 son encuentros que marcan una clara tendencia y dejan huella. Marcan a fuego a los equipos, tanto al ganador, para lo bueno, como al derrotado, para lo malo.
Lo que sucede en Arabia no se queda en tierras saudíes sino que tiene repercusión en lo que sucederá en el resto de la campaña, que no son cien años, pero sí más de cien días. Se arrastra a Europa, se mete en la maleta y se lleva de vuelta a casa. Con alegría y energía o con pena y culpa. La Supercopa, el menos importante de los torneos, se ha vuelto interesante al máximo, convertida en una especie de oráculo que enseña el futuro, una antesala de lo que vendrá. Sobre todo porque este es el cuarto año que los que se lo juegan en la final son el Barcelona y el Madrid, cuyas trayectorias suelen ser vasos comunicantes, más ahora que Joan Laporta y Florentino Pérez están enfrentados.
Se cortó la racha de cuatro clásicos barcelonistas
Los blaugrana son líderes en solitario de la Liga, donde lo ha ganado todo desde que cayeron precisamente en el Bernabéu.
Desde que está situada en enero, la Supercopa ejerce de frontera y sella en el pasaporte qué conjunto es más sólido y qué proyecto empieza a hacer agua. Lo pueden corroborar el Barça de Xavi, reforzado pese a perder en el 2022, lanzado en el 2023 y desquiciado en el 2024, y el Barça de Flick, imparable y mágico el año pasado.
Este año en Yida no es menos. De hecho, ya hay varios indicios, por lo visto en los primeros meses e incluso en las semifinales del miércoles y el jueves.
El Barcelona, líder en solitario de la Liga, donde lo ha ganado todo desde que cayó precisamente en el Bernabéu, llega en plena racha de triunfos –(9) el último, un monumental 5-0 al Athletic– que pone las orejas tiesas a cualquiera que sea su próximo rival. Al Madrid, por su parte, se le vio más ramplón y rácano que nunca contra el Atlético, al que ganó con un disparo de falta a los 80 segundos del derbi y un contragolpe de dos pases, cuando estuvo todo el partido encerrado. Lejos de dar moral, el 2-1 fue tan envenenado que deja más preocupación.
Viaje relámpago tras perderse los dos partidos del 2026
A los blancos no les queda otra que jugar la carta de Mbappé mientras Vinícius está apagadísimo dentro del campo
Para este Barça, más maduro, construido sobre los cimientos del triplete nacional de la temporada pasada, un nuevo título sería ratificar e incluso impulsar su preeminencia y quién sabe si dejar muy tocado el tambaleante proyecto de Xabi Alonso.
Mientras que los blancos persiguen un punto de inflexión en su irregular curso, en el que van trampeando con los rivales menores, pero se le atragantan los grandes (PSG en el Mundial, Liverpool y City en la Champions y Atlético en el Metropolitano). El tolosarra sí que le ganó al Barça en octubre, quizás su gran argumento hasta la fecha.
Ganar nos dará confianza para lo que resta y tengo un buen ‘feeling’ con el equipo. El Madrid no es mi trabajo”
Sin embargo, Hansi Flick no quiere pensar en el daño que le haría al proyecto blanco si vuelve a derrotarle en una final –el año pasado le asestó un 2-5 en Yida y un 2-3 en La Cartuja en la Copa–, pero adelantó que tiene un buen presentimiento. “Solo me enfoco en el equipo, para mí es solo un partido lo que vamos a jugar. Ganar nos dará confianza para lo que resta. Si no, habrá que meter más energía para mejorar. Pero yo siempre pienso en positivo. Quiero que juguemos un buen partido. Tengo un buen sentimiento con el equipo. Lo que haga el Madrid no es mi trabajo”.
Xabi Alonso, necesitado de un gran truco, sí que confía en el espíritu transformador de la Supercopa. “Estos partidos pueden tener un gran impacto para lo que queda”, admite. Y no quiere pensar que las consecuencias puedan ser negativas. Es más, tiene un mensaje para los que piensan que el Barça es claro favorito y su equipo tiene poco que hacer. “Les digo que es fútbol, que son 90 minutos, que puede pasar de todo y que nosotros planteamos el partido para ganar”, prometió. En caso de conquistar el trofeo dice que no se lo tomaría como revancha personal. “Para mí sería una alegría compartida con los madridistas, pero no me lo tomo como liberación”.
“Para mí sería una alegría compartida con los madridistas, pero no una liberación”
El madridismo espera como agua en el desierto la reaparición de Mbappé, que se ha perdido los dos primeros partidos del año por una lesión en la rodilla, fruto de forzar en el 2025. Sobre todo, porque Vinícius está apagadísimo y es más noticia fuera del campo que dentro. “Mbappé está mucho mejor. Llegaba justo contra el Atlético y decidimos no acelerar, pero si llegamos a la final, siempre según sus sensaciones, la idea era que viniera”, desveló, aunque no está claro si podrá jugar de inicio. “No somos kamikazes. Hay que medir el riesgo. Saber lo que nos jugamos y asumir las decisiones. Será un riesgo controlado”, explicó sobre la titularidad de la estrella francesa, autora de 29 goles.
Tanto se habló de Mbappé (y poco de Lamine Yamal, ya recuperado del estómago, y de Raphinha), que a Flick no le gustó que le mencionaran su defensa adelantada, que ahora protege a un Joan García decisivo, como Courtois. Poco habitual en él, el técnico alemán sacó pecho de sus logros del curso pasado. “¿Cuántos partidos hemos jugado en un año y medio contra el Madrid de Mbappé? Cinco. ¿Y cuántos hemos perdido? Solo uno”, lanzó. “Ahí lo tienes. Vamos a adaptar algunas cosas, pero no por Mbappé. Para nosotros lo importante es nuestra filosofía”. Con ella dejó el listón muy alto y ahora quiere dejar huella otra vez en la Supercopa.
