el real madrid No celebra semifinales, le recuerdan a Mourinho cada vez que saca pecho por sus tres temporadas en el Madrid. Tampoco celebra subcampeonatos, aunque estos se consigan ante el Barça en un partido competido y con un equipo cogido con alfileres por … las bajas y los malos momentos de algunas de sus estrellas. Regresa el Madrid de Yeda como regresó hace doce meses. De vacío, pero con la sensación de haber construido en la ciudad saudí algo a lo que agarrarse de aquí a mayo.
El vestuario estaba fastidiado. Sentimientos parecidos a los vividos en La Cartuja hace nueve meses, cuando también se esperaba una final de Copa desnivelada y acabó siendo una cara o cruz que dio la espalda al Madrid. Como el domingo por la noche en Yeda. Xabi eligió ser el equipo pequeño, pero lo hizo convenciendo a sus jugadores, como lo hacía Ancelotti, que en este contexto actual de la temporada era la única posibilidad de competirle el título al Barça. Y así fue, pero no dio para ganar. Quién sabe qué hubiera pasado si Carreras o Asencio hubieran apuntado a la esquina de la portería, en lugar de hacerlo a Joan, en esas dos ocasiones finales que provocaron una cascada de manos a la cabeza.
Victoria moral del Madrid, pero el Madrid no vive ni se alimenta de victorias morales. Solo le vale el metal, y ese lo tocó el Barça. Le queda el consuelo de una derrota digna, decidida por un rebotey una lectura positiva de cara a las próximas semanas. En las cinco victorias que precedieron a la derrota en el clásico, el equipo dio argumentos para no creer en él, y justo cuando volvió a morder el polvo volvió a dar síntomas de que, al menos, puede pelear lo que le queda por delante. Copa, Liga y, quizás, hasta Champions: «Duele perder así, pero nos quedamos con lo positivo de estos días y ahora mirar hacia adelante», reflexionó Xabi.
La cuesta de enero
Y delante aparece el Carlos Belmonte, el Levante y el Mónaco en el Bernabéu, y después la visita al Villarreal y al Benfica, de Mourinho, y el Rayo para terminar la cuesta de enero. Salvo debacle, en todos estos partidos estarán Alonso, que vino a Yeda con su puesto de trabajo al filo del precipicioy se marcha de aquí con algo mejor de lo que llegó, pero sin sacar tampoco pecho. El equipo ha mostrado más unión y compromiso, y un punto de orgullo y rebeldía que necesitaba como el comer, pero eso solo será pan para hoy y hambre para mañana si no crece en las próximas semanas.
Y ese crecimiento significa avanzar en Copa e intentar llegar de nuevo a la final, recortar puntos en Liga al Barcelona y cerrar el pase a los octavos de Champions asegurando un puesto en el top-8. Resultados que deben venir acompañados de una mejoría en el juego, sobre todo en la fase ofensiva, huérfana cuando Mbappé tiene un estornudo, o un problema en la rodilla, como le ha sucedido en este inicio de año. Marcó por fin Vinicius, tras tres meses sin hacerlo, y Rodrygo ha dejado ciertos brotes verdes en estas últimas semanas, pero el Madrid necesita mucho más de ellos. Si dejan solo a Kylian, la amenaza de un segundo año sin títulos tendrá muchos números de convertirse en realidad.
Y mientras Alonso intenta recomponer el rompecabezas que se rompió en el clásico, el de Liga con el del numerito de Vinicius, que tanto daño hizo, el club haría bien en abandonar el runrún hacia su entrenador y comenzar a darle una cierta estabilidad que, al menos, le permita trabajar con cierta tranquilidad de aquí al final de temporada. Eso y hacer algo de autocrítica. O mucho. Este Madrid tiene bastante margen de mejora, pero lo que no tiene son herramientas en el centro del campo para intentar ser un equipo con un perfil acorde a lo que es el Real Madrid. Si Florentino Peérez, José Ángel y Juni Calafat no acaban de entender que no hay en la plantilla un futbolista capaz de gobernar los partidos, al Madrid no le quedará más remedio que seguir jugando contra los grandes con un perfil bajo, como le sucedió en la final de Yeda, ante el City, o en Anfield.
Ahí está el mercado de invierno, ventana de fichajes que nunca, o casi nunca, utiliza el Madrid, pero parece, como mínimo, obligatorio darle una vuelta a esa idea y rebuscar hasta dónde ya no haya más tierra si hay jugador que pueda darle sentido al algún juego de este Madrid. Es evidente que el club blanco no va a encontrar ahora en enero el nuevo Modric o el nuevo Kroos, pero entre el blanco y negro hay un gris, y esta plantilla es evidente que carece de peloteros en el centro del campo, y los pocos que tiene, Ceballos y Guler, por unas razones u otras, no terminan de derribar la puerta. Victoria moral del Madrid, el triste consuelo de otro año en blanco en Yeda.
