Sancionado Prestianni y Mourinho, el único final poético de esta eliminatoria de ocho días y mil líos entre el Real Madrid y el Benfica solo podía ser Vinícius. El brasileño resolvió la ida con un golpeo a la escuadra -justo antes de recibir el supuesto insulto racista- e hizo lo propio en la vuelta con una carrera de cuarenta metros y un toque sutil con la derecha imposible para el ya héroe caído Trubin (2-1). El Real Madrid, sin brillo y rodeado de dudas, vendió el informe que le mete en los octavos de final de la Champions.
Lee también
Unos siguen y otros se despiden, como Mourinho, de aquellos directores enigmáticos cuya obra es difícil de encasillar. Siempre ambivalente, decidió jugar al escondite en el Bernabéu. Se subió al autocar, llegó al estadio y, teóricamente, el palco seis de la zona de prensa era el suyo. Bocadillos, patatas y algún que otro tentempié… Pero ni rastro. Pudo quedarse en el autocar. O quien sabe, en el cesto de la ropa sucia, como confesó años después como solución a una sanción en un partido de Champions. Lo viera en un ipad, con prismáticos o con sus propios ojos, seguro que se los frotó en el primer cuarto de hora. El Benfica se adelantó al Real Madrid (0-1).
Con Richard Ríos reforzando el costado derecho para compensar el desequilibrio de Vinícius, el único futbolista diferencial ante la ausencia de Mbappé, Rodrygo y Bellingham, los portugueses, apoyados por unos ruidosos 4.000 hinchas que no pararon de animar, entraron como cuchillo en mantequilla en el césped del Bernabéu. Encontraron el hombre libre con facilidad, porque la presión del Madrid era insuficiente, y empezaron a merodear el área de Courtois con un juego de tiralíneas. A los 13 minutos, premio. Ríos tocó al espacio al primer toque para Pavlidis, caído a la derecha, quien aprovechó el boquete. Centró con veneno, desvió Asencio, salvó Courtois, pero Rafa Silva aprovechó el rechace para marcar a placer.
Para el Madrid, el partido era ya de cuchillos largos. El lío con Prestianni solo había insuflado en su oponente un plus en todos los aspectos; incluso la pancarta del Real Madrid de “no al racismo” quedó silenciada por los silbidos de los portugueses cada vez que el brasileño recibía la pelota. Como si fuera Da Luz.
El Madrid se desperezó sin que sucediera nada, como le ocurre a un equipo acostumbrado a levantar trofeos. Transcurren cosas que cambian guiones sin entender los porqués. Una recuperación de Tchouámeni, que habilitó a Valverde, la reconoció el francés en el frontal del área para enchufar a Trubin. Aunque Courtois sacó de nueva una mano salvadora a Ríos y el Benfica siguió pisando área, los cañones ya eran pistolas. Y el Madrid reunía más artillería. Güler, en un fuera de juego milimétrico, hizo el 2-1 que fue anulado tras la intervención del VAR, mientras Vinícius seguía pidiendo ánimo y amargándole la noche a Amar Dedic.
El descanso refrescó las ideas del Madrid, que dio un paso adelante. Arbeloa metió un tercer hombre en la presión a los centrales y el equipo blanco descorchó las ocasiones. Asencio remató alto de cabeza y el tiro cruzado de Trent Alexander se fue desviado medio metro. Pero los aviones le duran al Madrid lo que un estornudo. El Benfica, de nuevo, se repuso y mascó el 1-2. Rui Silva, tras toque de Asencio, se lanzó al larguero; y Pavlidis remató cerca del palo. El runrún regresó al Bernabéu mientras Asencio se iba sustituido tras un duro golpe en la mandíbula con Camavinga. Era el minuto 75. El frío se metía en el cuerpo del hincha en ambos sentidos.
Lee también

Pero había más giros, cambios de viento. Y llegó el gol de Vinícius. Otamendi se había quedado enganchado en su propio campo, el brasileño partía desde más atrás y Valverde lo vio con el rabillo del ojo. Es imparable cuando puede correr. Su definición, de manual, templó el ambiente con un 2-1 que, a falta de diez minutos y el añadido, dejaba la eliminatoria (casi) sentenciada.
Rui Silva se empeñó en lo contrario, pero su taconazo lo sacó cerca del poste Carreras. Pasaron los minutos y las revoluciones se bajaron. El fútbol acabó sobre el verde con el Madrid de pie, aunque en los despachos a Prestianni y Vinícius le siguen quedando duelos. Sporting o Manchester City, los siguientes.
