¡Miau!, tiene razón Hansi Flick cuando dice que es bueno, de vez en cuando, recibir correctivos como éste. Es bueno, si se saben extraer las lecturas correctas de semejante paliza, pero deberían empezar por dar la cara a todos y reconocer, como hacen cuando protagonizan una gesta (a favor) de este nivel, que todo ha sido un desastre.
Dar la cara tras un partido así es de agradecer, porque así los que no entendemos nada de nada, podríamos encontrar alguna versión creíble de lo que ocurrió, anoche, en un Metropolitano que calentó el duelo con picardía y, tal vez, yo creo que con demasiada dureza, no solo con un terreno de juego impracticable, sino con un rosario de faltas muy denunciables. Y, por descontado, con un cholo Simeónque se estaba jugando, digo, el puesto. O eso parecía, sí.
No hace falta hablar del espectáculo del VAR y su lío para encontrarle explicación al gol anulado a Cubarsique, pese a los siete minutos de discusión, todavía no sabemos por qué se anuló. Da la sensación de que estuve buscando y rebuscando hasta encontrar, digo yo, la imagen, el clic, que les permitiese, a su manera, anular el tanto que todo el mundo vio legal desde el minuto cero.
Sería especialmente curioso (y peligroso) para los que se van esperando volver, que esta goleada escandalosa coincide con un período de crisis que haga tambalear el camino triunfal que Joan Laporta ha diseñado para su regreso a la presidencia.
Es evidente que, de la misma manera que uno trata de protagonizar los mejores partidos en momentos determinados, es decir, cuando los necesita, sea en liga, Campeones oh Copano hay duda que realizará el peor partido de la temporada o, como poco, la peor primera parte del año en la semifinal (ida) de la Copa del Reysignifica estar ya materialmente eliminado y olvidarse del triplete.
La fragilidad del bloque culé ante equipos que estuviesen dispuestos a atacar la línea del fuera de juego con picardía, listeza y eficacia Era algo que se viene comentando desde que Flick decidió que ese sería el estilo (inegociable) de su equipo. Y, evidentemente, el equilibrio no puede ser más bueno ni mejor. Pero también era (es) evidente que si un equipo tenía su noche, las posibilidades de caer derrotado (no digo goleado, no) eran tremendas y así fue, anoche, frente a un Atlético soberbio, que en cuatro ‘visto no visto’ se colocó casi, casi, en la final de la cartuja.
Repito, pudo suceder en cualquier partido de Liga, pero, si ocurre, siempre estás a tiempo de subsanar ese despiste, pero en los dos torneos del KO es evidente que si tienes unos primeros 45 minutos de pájara, incluido el buenísimo Juan Garcíala posibilidad de reparar se antoja imposible, por más artillería que Flick tenga disponible dentro de tres semanas.
Noche de gloria para el Cholo Simeone. /Mariscal/EFE
Me niego y ustedes también ¿verdad? a pensar que este desastre ha sido la consecuencia de que Joan Laporta ya no sea presidente del FCBarcelona. O, al revés, que esta goleada provoca que muchos culés piensen que Rafa Yuste es gafe.
Aquel que tiene el Barça en su cabeza se ha ido para volver y ha dejado en el trono presidencial a su amigo, que siempre ha sido el directivo que acompaña a los futbolistas, de modo y manera que los éxitos conquistados antes del desastre y la humillación de, anoche, en el Metropolitano también deberían ser éxitos de Yuste.
Ni creo que este 4-0 pueda hacer tambalear o sea señal de algo, de nada, en el sentido de que el Barça pueda iniciar unas semanas de dudas coincidiendo con la campaña electoral, ni pienso, insisto, que semejantes traspiés pueda ser motivo para Señala Rafa Yusteel compañero inseparable de un presidente, que, como recuerdo Gabriel Martínez al despedirse simpáticamente de los periodistas que estaban el otro día en la sala de prensa de la Joan Gamperse va para volver.
Suscríbete para seguir leyendo
