Cuando un equipo cambia de entrenador, no siempre se abren las ventanas. O no siempre entra aire fresco. Con el despido de Xabi y la llegada del novato Arbeloa, nadie aseguraba al Madrid que ese arriesgado volantazo fuera la solución a los malos olores. … y al ambiente cargado, pero si el Madrid que se va a ver de aquí al final de temporada tiene la actitud y las piernas de La Cerámica, entonces el cambio habrá sido acertado: «El compromiso de los jugadores es innegable. El esfuerzo que han hecho en un campo como este, contra un rival que es un grandísimo equipo. Sabíamos que era una de las salidas más complicadas de toda la Liga, y hemos dado una versión muy seria y sólida. Pero todavía tenemos margen de mejora. Este equipo va para más. Ni mucho menos pienso que este sea su techo».
Esa mejora parte de una premisa innegociable para Arbeloa. Potenciar las características de su plantilla, y si eso significa renunciar a amasar la pelota, que así sea: «Evidentemente, yo no puedo ir contra la naturaleza de los jugadores. Todo lo contrario, tengo que intentar aprovecharla. Tenemos muchos jugadores que son muy dominantes al espacio. Futbolistas muy veloces y que, además, suelen definir bien. Y tenemos que aprovecharlo. Cuando podamos correr, lo vamos a hacer, porque es la naturaleza y porque es donde marcan las diferencias. Va a ser una de nuestras armas durante toda la temporada».
Otra arma es la unión, que no existía con Alonso. Arbeloa también quiso destacar el buen rollo que hay en el vestuario: «Lo primero que tiene que hacer un equipo es estar juntos. Vamos a pasar por situaciones muy complicadas y muy comprometidas. Y es a través de la unidad cuando uno consigue los objetivos. Para mí, lo más importante es que estén unidos. Lo vimos el miércoles pasado con esa piña en el gol de Vini y lo hemos visto hoy, con Brahim».
Todos se abrazaron el malagueño tras el gol de penalti de Mbappé, que el francés le dedicó a su compañero: «Por ti, por ti», le susurró al oído, mientras le daba un beso y un abrazo. Sabe Kylian lo mal que lo ha pasado esta semana, tras su fallo en la final del Campeonato de África. Y no piensan dejarle solo. Le quieren sumar a una causa que, de momento, en esta corta etapa de Arbeloa, y si se obvia el petardazo de Albacete, tiene mejor color que con Alonso: «Estamos adaptándonos cada vez mejor al míster y como equipo, estamos mejorando. Claro, cuando se gana todo es más fácil y hay más confianza. Las victorias ayudan a que todos remen en la misma dirección. El fútbol es un deporte de equipo y no individual. Si lo hacemos como equipo, lo demás sale solo».
