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Esta noticia, que se publicó originalmente el 16 de julio, ha sido una de las más leídas de EL PERIÓDICO de todo el año 2025.
Lamina Yamal subía las escaleras de las oficinas del Camp Nou de la mano de su abuela paterna, Fátima. No podía faltar. Se encontraba ante uno de los momentos de su vida, y ella tenía que estar junto a él. El icono del Barça, el nuevo número 10 estampado ya en la camiseta azulgrana para gloria del negocio mercadotécnico, escenificó su renovación con el Barcelona hasta el 30 de junio de 2031. Lo hizo acompañado de su círculo más cercano. Es decir, sus padres (Mounir Nasraoui y Sheila Ebana), abuela, hermanos, primos y amigos que le siguen allá donde va. También asomó Jorge Méndezel agente que ha negociado el contrato multimillonario del adolescente de oro.
Explicó Lamine por qué cuando estampó su firma en su nuevo contrato el pasado 27 de mayo, no quiso que se fotografiara la escena. “Este acto se retrasó por ella (su abuela Fátima), porque estaba en Marruecos. Sin ella no lo podía hacer. Quiero darle las gracias por todo lo que ha hecho por mí. Y agradecérselo poco a poco, aunque no lo voy a poder lograr nunca”, declaró el futbolista azulgrana, ya despojado de su americana y tras haber cambiado el colgante, esta vez ya con el número 10.
A la velocidad de la luz, Lamina Yamal se ha convertido en una superestrella que traspasa los marcos de influencia del FC Barcelona. Con los 18 años recién cumplidos, su imagen se ha globalizado y ya se proyecta en espacios que superan los contornos del deporte. Es un futbolista que ha cautivado al mundo futbolístico, hasta el punto de ser elevado a aspirante al balon de oroy ha enganchado a nuevos públicos, convirtiéndose en un referente generacional. Su personalidad abierta y desacomplejada propulsa, además, su magnetismo comercial. Las camisetas con su nombre encima del 10 poblan la tienda oficial del Barça del Camp Nou.
Lamina Yamal ha pasado en poco tiempo de vivir en La Masía a independizarse en un piso de Sant Just, y de ser un acompañante en el ataque a erigirse en el foco principal de la creatividad ofensiva. La ambición que transmite es máxima, de ahí que en el primer día de vuelta a los entrenamientos dijera que quiere ganar los dos títulos que le faltan, la Campeones con el Barça y el mundial con la selección, y que los quiere ya. El mensaje lo repitió este miércoles.
El sueño infantil
“Lo que significa esta renovación es que seguiré jugando, disfrutando y ganando con el club de mi vida. No tengo ninguna presión. Mis amigos y mi familia están felices. Ahora toca disfrutar, aunque con un número diferente”, dijeron a los periodistas en la Botiga del Barça con ese atrevimiento tan singular.
Y esa mentalidad carente de miedo le ha llevado a aparcar el 19 y asumir el peso del 10 en la camiseta azulgrana. El 10 que sepultó a Ansu Fati (más las lesiones que el número en sí) fue glorificado por leo messi como nunca nadie en la historia del FC Barcelona. Antes le dieron brillo mitos como Maradona, Romário y Ronaldinho.
Ahora es el turno de Lamina Yamal. Sin comparaciones. “Messi ha hecho su camino, yo voy a hacer el mío, el 10 viene de Ansu, y lo que quiero es poner felices a todos los culés”, dijo. Y recordé que es una fantasía de su infancia. “De pequeño, mi primer sueño era debutar con el Barça y obviamente llevar el número 10, todo el niño nacido en Barcelona sueña con esto”.
Con el contrato firmado el 27 de mayo y escenificado este miércoles con toda la familia, Lamine Yamal ha solventado de por vida su situación económica. Pasa de ganar casi dos millones de euros a casi 20 años, con incentivos por medio. La proliferación de sonrisas estaban más que justificadas.
Y por sus palabras cabe interpretar que no quiere hacer ni caso del ruido exterior generado por la extravagante fiesta de cumpleaños. A las críticas por la contratación de personas con enanismoa las que se ha unido hasta una ministra, él ha respondido difundiendo más imágenes del día de marras en sus redes sociales. Lejos de esconderse, como quizás actuarían unas generaciones atrás, Lamine Yamal exhibe su felicidad posando como un gángster, temática de la juerga.
Aun así, tenía preparada la respuesta por si emergía en el encuentro con periodistas deportivos. “¿Puedo responder a esto en castellano?”, empezó preguntando al nuevo director de comunicación del club. “Al final -soltó secamente-, yo trabajo para el Barça, juego para el Barça. Pero cuando estoy fuera de la Ciudad Deportiva, disfruto y ya está”.
Antes ya había dejado entrever su posición respecto a las opiniones ajenas, a menudo ya desmedidas. “La verdad es que tanto la crítica como el elogio, si no son de mi familia, amigos o de gente muy cercana, me son indiferentes. Lo único que me importa es disfrutar. Ahora estoy ya centrado en el fútbol”, abundó, antes de admitir, divertido, que el técnico, Hansi Flickya le había advertido que este jueves tocaba doble sesión de entrenamiento.
Si algo tranquiliza en los pasillos de la entidad azulgrana es que en el campo y en los vestuarios, el comportamiento de Lamina Yamal resulta por ahora desmontable.
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