En este escenario, la pregunta es inevitable: ¿Qué impacto han tenido las tarifas y regulaciones implementadas este año, y qué podemos esperar en logística para 2026?
En Estados Unidos, la implementación de cargos adicionales sobre mercancías mexicanas que no cumplen con los estándares del USMCA, y la mayor vigilancia sobre reglas de origen, han generado impactos en sectores clave como el automotriz, que ya ha resentido el impacto con aumentos en precios de entre 5% y 10%.
Por su parte, en México la publicación de las Reglas Generales de Comercio Exterior (RGCE) 2025 marca una nueva era de control aduanal que exige mayor trazabilidad, documentación y revisión de fracciones arancelarias.
El efecto operativo este año fue claro: las empresas enfrentan mayores costos logísticos, tiempos más largos de despacho, y una presión creciente para “poner en regla” su cadena de suministro antes de que la mercancía cruce la frontera o se declare en México.
Pero más allá del costo, lo más significativo es que la incertidumbre misma se transformó en una cualidad estructural de este 2025. Las empresas que tomaron decisiones de manera reactiva vieron su margen comprimido. Aquellas que adelantaron escenarios —sobre proveedores, origen, rutas alternas— lograron conservar la competitividad.
En algunos sectores la situación ha obligado a tomar decisiones complejas: reducir inventarios, buscar centros de distribución alternos, modificar la descripción fiscal de los productos, o incluso renegociar condiciones con proveedores. Industrias como la automotriz, antes mencionadas, así como la de componentes electrónicos, maquinaria y alimentos frescos —todos pilares del comercio bilateral entre México y Estados Unidos— tienen ya una repercusión directa no solo en el precio final, sino en cada eslabón de la operación logística.
Considerando que los operadores del sector, sobre todo quienes operamos soluciones de tercerización y que atendemos a empresas de todos los tamaños, hemos identificado un patrón claro: aquellas compañías que más rápidamente están logrando adaptarse son las que combinan, tecnología y visión estratégica.
La pregunta hacia 2026 ya no es si los aranceles van a cambiar el panorama operativo, sino cómo nos preparamos para actuar antes de que lo hagan. En mi opinión, las prioridades deben estar enfocadas en cuatro frentes:
– Automatización: minimice el margen de error en declaraciones, clasificaciones y procedimientos aduanales mediante herramientas inteligentes.
– Trazabilidad en tiempo real: anticipar bloqueos o costos inesperados con visibilidad total del trayecto logístico.
– Modelado de escenarios: simular el impacto fiscal y logístico ante posibles cambios regulatorios, en lugar de reaccionar una vez implementadas.
– Diversificación operativa: analizar si conviene mantener inventario en origen o apostar por nodos logísticos más cercanos al consumidor, aunque impliquen mayores costos iniciales.
