Este año, el mayor impulso de la actividad provino del frente exportador —agro, energía, minería y servicios basados en el conocimiento—, que explican gran parte del rebote del producto. Pero también hubo sectores orientados al mercado interno que mostraron un desempeño destacadoaun en un contexto de márgenes ajustados y competencia creciente de bienes importados.
Uno de ellos fue el mercado inmobiliario, que atraviesa su año más dinámico de la última década. Las escrituras superan los niveles de 2017, sostenidas por dos factores: la mejora del poder adquisitivo del salario medido en metros cuadrados —hoy un 3% por encima del máximo de 2018— y la recuperación gradual del crédito hipotecario, que ya explica un 20% de las operaciones. Sin embargo, este repunte todavía no se traduce con la misma intensidad en la construcción, un sector presionado por costos en dólares elevados y valores de venta aún bajos.
El sector automotor también se consolidó como uno de los ganadores del consumo interno. Los patentamientos cerrarán 2025 en torno a 615 mil unidades (49% interanual), el mejor registro desde 2018. El crecimiento se explica por una oferta más moderna y diversa, la mejora del salario real frente al precio de los autos y una mayor disponibilidad de financiamiento. La contracara es el estancamiento de la producción nacional, que perdió participación frente a vehículos importados, los principales motores del crecimiento.
En la misma líneael mercado de motos encadenará su cuarto año consecutivo de expansión, con 634 mil unidades vendidas(30,4%).
Los electrodomésticos también mostraron dinamismo, aunque con una pausa transitoria en el tercer trimestre por la volatilidad de tasas y la menor oferta de aviones en cuotas. Aun así, las ventas cerrarían el año con alza del 19%acompañadas por un aumento de la producción local del 24% interanual, que mantiene un rol relevante dentro del mercado.
En todos estos sectores aparece un patrón común: la llegada de nuevos jugadores y la mayor presencia de productos importados ampliaron y modernizaron la oferta, abarataron precios relativos y sostuvieron la demanda. Pero también intensificaron la presión competitiva sobre la producción local, que enfrenta el desafío de acelerar inversiones, innovación y mejoras de productividad para no perder terreno en un mercado más abierto y exigente.
Para 2026, la heterogeneidad seguirá siendo un rasgo estructural de la economía. Los sectores orientados a las exportaciones volverán a traccionar el crecimiento, mientras que el resto de la actividad avanzará a un ritmo más moderado. El proceso de reconversión sectorial no está terminado, aunque podría aliviarse con la agenda de reformas —tributaria y laboral— cuyo impacto será gradual: acotado en 2026 y más visible hacia el mediano plazo.
En materia de consumo, esperamos un nuevo récord histórico. El consumo privado crecería cerca del 4% el año próximo, impulsado por la recomposición del salario real y la mayor disponibilidad de crédito. La industria acompañará, con una expansión proyectada en torno al 3%. Aun así, persistirá el fracaso entre demanda e industria: el nivel de producción seguirá aproximadamente un 4% por debajo de 2023reflejo de la presión competitiva de las importaciones y de la lenta recuperación de algunos sectores manufactureros.
En construcción, prevemos un punto de inflexión a partir del segundo semestre, con un crecimiento anual estimado en 10,5%. El segmento residencial será uno de los motores, favorecido por un menor stock de viviendas en venta y una mejora gradual en la rentabilidad de los desarrollos.
Por otro lado, el nuevo esquema de obra pública impulsará obras transferidas a provincias, proyectos de infraestructura vinculados a exportaciones —particularmente en sectores dinámicos con financiamiento privado— y concesiones público-privadas en rutas nacionales.
En paralelo, la construcción privada no residencial mostrará un recuento más selectivo, concentrado en sectores con fuerte demanda estructural: retail, logística para ecommerce, centros de datos, energías renovables y turismo.
En ABECEB proyectamos para 2026 un crecimiento del PBI en torno al 4,5%. Esta cifra refleja una economía que avanza gradualmente en las reformas estructurales orientadas a mejorar la productividad, con mayor inversión concentrada en los sectores exportadores y un acceso más fluido al financiamiento internacional. Bajo estas condiciones, el país podría sostener un ciclo de expansión más firme y duradero, con dos años de crecimiento por delante, una muy buena noticia.
