el campo y la agroindustria celebraron la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), pero el mismo, más allá de abanico de nuevas oportunidades que se abren para el sector, contempla algunos grises en la reglamentación del bloque del Viejo Continente que podrían condicionar los envíos.
Se tratan de las salvaguardiasque la Comisión Europea decidió impulsar ante la presión del agro y gobiernos europeos, como el italiano, que pidieron por su inclusión como condición para la firma del acuerdo. Estos mecanismos de “protección” para los sectores más sensibles deben ser discutidos en el Consejo y Parlamento Europeo con anterioridad a la ratificación del acuerdo.
Según el borrador elaborado por la Comisión Europea, serán 24 los productos agropecuarios y agroindustriales plausibles de esta suerte de sanción unilateral por parte de los europeos: carne fresca; carne bovina enfriada y congelada de alta calidad; carne congelada para procesamiento; carne fresca, enfriada y congelada de cerdo; carne d ave sin hueso y preparaciones; carne de ave con hueso; leche en polvo; quesos; fórmulas infantiles; maíz y sorgo; arroz; azúcar para refinar; otros azúcares; huevos; albúminas de huevos; miel; ron y otras bebidas espirituosas obtenidas de la fermentación de la caña de azúcar; maíz dulce; almidón de maíz y de mandioca; derivados del almidon; etanol; ajo; biodiésel; y cítricos como el limón, naranjas y mandarinas.
Según explica el documento, las salvaguardias se pueden disparar una vez que se constate y demuestre que un aumento en las importaciones de estos productos dañaron o están afectando a los sectores productivos locales.
Los parámetros, si bien tienen que definirse en su mayoría, serán un aumento considerable en volumen de las importaciones: en un corto lapso de tiempo superior al 5% en la comparación del promedio de los últimos tres años, o que el aumento de las exportaciones del Mercosur haga que el precio interno cae un 5%.
Lo llamativo del caso es que este mecanismo de sanción se puede dar incluido en las cuotas pautadas en el acuerdo, como el caso de las carnes y el maíz, por citar un ejemplo.
Estas salvaguardias no están incluidas en el texto del acuerdo, sino que constituyen “una especie de reglamentación interna del acuerdo para los europeos”indicó a Clarín el director de Contenidos y Comunicación del Grupo de Países Productores del Sur (GPS), Nelson Illescas.
“Es una medida de defensa comercial y es unilateral. Lo que tienen que hacer los europeos con los países integrantes del Mercosur es notificar que están haciendo la investigación y pedirle información a los exportadores, para poder medir el supuesto impacto y el daño en la producción local. Ahora, lo que tenés que hacer cuando se realiza una investigación sobre defensa de la competencia es fundamental que hay un daño y por sobre todo, demostrarlo”, concluyó Illescas.
Pero más allá de dicho proceso, a los exportadores argentinos les preocupa la discrecionalidad que pueden aplicar los países europeos. “Es una situación bastante preocupanteporque esto lo establece la UE unilateralmente”, sostuvo el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras.
“La razón de ser de un acuerdo es la creación de comercio, pero lo podés matar con las salvaguardias, porque si se aplica de manera irrestricta e imprudente, se convierte en un riesgo enorme en el flujo de comercio”, agregó.
Para Idígoras, las exportaciones del Mercosur hacia el bloque europeo una vez entrado en vigencia el acuerdo “no significan ningún riesgo para Europa, sino que es politica pura. Estos productos representan el 1% del consumo aparente en ese continente”.
Es por eso que el titular de Ciara-CEC insistió en que “el Mercosur tendrá que negociar después de la entrada en vigor. Hemos hablado de esto con el Gobierno, son conscientes y no les gusta, pero quieren que se apruebe en el Congreso. Pero hay que discutir la existencia de estos mecanismos o que por lo menos sean más ligeros”.
Para Illescas, estas medidas se constituyen en “una amenaza” para el agro argentino y de la región, ya que “quita certidumbre” al sector. “Es como lo que pasaba en Argentina con los ROE: al tener esa discrecionalidad, no sabés si podés exportar o no. Los europeos lo necesitan para firmar el acuerdo y dar señales a su agro, teniendo en cuenta que tienen un problema sistemático de competitividad en dicho sector”, agregó.
Además, coincidió con Idígoras al considerar que los envíos del Mercosur “no se constituyen en una amenaza para la agroindustria europea, ya que el acuerdo se pensó para no generar problemas a ningún sector”.
“Los que podrían haber tenido un problema o quedaron excluidos o cayeron en cuotas. No está pensado para que se inunde el mercado europeo de productos del Mercosursino que esto viene a consolidar un comercio que ya existe, pero no va a disparar la venta de productos y, si sucede, es porque reemplaza a otro proveedor menos competitivo”, concluyó Illescas.
