El segundo tramo del mandato pondrá a Javier Milei a prueba a ver si aprendió a gobernar o no. Hasta ahora lo hizo de la mano de los bloques amigos del Congreso (PRO, UCR, el centro de los Romero y los Pichetto en las dos cámaras). Aprovechó la oportunidad de que en la Argentina hay un consenso sobre los beneficios de un programa que compartieron todos los candidatos del 2023, salvo la trotskista Myriam Bregman. Nadie está en contra de esa agenda, ni Cristina de Kirchner ni la CGT. Las diferencias son en cuanto al método, pero no de objetivos. En lo político la pretensión es modesta. Ha logrado apalancar el tercio de apoyo para gobernar por decreto y defender los vetos. Un objetivo que busca mostrarle a su clientela —los inversores, los organismos de crédito— que no enfrenta un muro infranqueable en el terreno político.
Todo ahora le saldrá más caro
Pero esos observadores y los adversarios del gobierno también han aprendido de los primeros años de Milei. Así como Milei salió de la nada y ha logrado la primera minoría en Diputados por sobre el peronismo, los aliados que lo han ayudado a llegar a donde están también han aprendido a convivir con él.
Este aprendizaje de los dos polos es un espejismo de bonanza para el gobierno, que cree que las cosas le van a ser más fáciles. Si Milei no prueba que aprovechó las lecciones, el nuevo ciclo puede ser más difícil que el primero. Lo que antes sacaba casi gratis por un consenso de que nadie quería que fracasase, ahora le puede salir más caro. Lo que antes podía comprar en almacenes de barrio, uno por uno, ahora lo tendrá que negociar con bloques más duros que no van a regalarle nada en la carrera al 2027. El mismo método que lo llevó a donde está ahora, ha desnudodo las fragilidades para el nuevo bienio hasta 2027.
La bisagra de los 41
En una primera percepción, los aliados que ha tenido el gobierno se han abroquelado en los interbloques, que suman 41 bancas en Diputados: el grupo de Unidos (ex Provincias Unidas) y el que ha juntado al PRO macrista y al sector de la UCR que no se ha dejado arrastrar al gobierno (PRO-UCR).
Estos dos interbloques negociaron hasta el miércoles a la noche fundirse en un entendimiento que pudo convertirse en tercera minoría cómoda, y disputarle al oficialismo y al peronismo cargos de conducción en la Cámara y posiciones importantes en las comisiones. El gobierno volcó en su favor una paritaria que se zanjó en la mañana del miércoles —día de la sesión preparatoria—, y logró que el bloque que conduce Cristian Ritondo —animado por Mauricio Macri desde Arabia Saudita— dejara solos a los provincianos unidos, que se sumaron al bloque de gobernadores, a (lo que ha sido) Encuentro Federal, a la Coalición Cívica y otros sectores.
Conveniencia versus convicción
Estos dos interbloques (PRO-UCR y Unidos) van a ser los protagonistas de la vida legislativa desde este 10 de diciembre. Su conformación, así como la mayoría que logró La Libertad Avanza y Unión por la Patria, se aglomeró más por conveniencia que por convicción. Esos pactos cambiarán en cuanto comience a rodar el período ordinario de sesiones en marzo próximo.
La conveniencia de los bloques era sumar miembros para poder competir por puestos en las comisiones que deciden la suerte de los proyectos. Esa conveniencia le da un carácter forzado a la integración de estos dos interbloques. Cuando arranque el año, pasarán a reconfigurarse por la convicción y los 41 del pacto PRO-UCR y Unidos seguramente se redefinirán.
Por el momento, la diferencia de un miembro más surgió el miércoles por la inscripción del santacruceño José Luis Garrido en el bloque PRO-UCR, cuando hasta ese momento se lo anotaba afiliado al bloque de Unidos. La leyenda dice que Garrido se molestó porque Gisela Scaglia, jefa del bloque Provincias Unidas (que integra Unidos), no le atendió el teléfono en el momento oportuno. Garrido se fue y pidió color en el PRO-UCR.
Horas más tarde, circuló el argumento de que Garrido no habría consultado la decisión con el gobernador de su provinciaClaudio Vidal, y que antes del 10 de diciembre podría integrarse a Unidos. Es importante porque la diferencia de un voto le da a quien tenga más diputados una vicepresidencia tercera de la Cámara. Un cargo honorario, pero que implica manejar alguna estructura de contratos, asesores y facilidades como movilidad, asesores y algún despacho de postín. La sal de la tierra.
Construcciones precarias
Los dos interbloques, que juntos podrían haber sumado 41 voluntades, se diferencian por el lugar que quieren jugar hacia 2027. El PRO-UCR está integrado por dirigentes que querrían estar con el gobierno porque compartirán el programa, aunque rechazarán las formas de la administración Milei y pusieron plata y logística para hacerlo presidente. No se refieren a los gestos procaces o de delirio fingido por algunos funcionarios (rockear hasta que salga el sol, saludarse con brincos infantiles en las reuniones de gabinete, etc.). Se refieren a la metodología de construcción política, ligada a una precariedad que no promete estabilidad. Milei logró la mayor primera minoría en Diputados mediante transacciones que alguna vez se sabrá cuánto le han costado al público.
El gobierno puso el cartel “Oficialismo, se da”, tal como en las obras se ofrecen escombros, y regaló posiciones de fuerza en los bloques del Congreso a aficionados que han encontrado un puesto en el oficialismo sin mover un dedo. Han logrado lo que otros líderes alcanzan después de una larga carrera.
En la nueva legislatura del mileísmo, como en la de 2023, hay legisladores que han debutado en la vida pública siendo ya oficialistas, con el solo esfuerzo de cambiar la camiseta amarilla o rojiblanca por la morada“da lo mismo que sea cura/colchonero, rey de bastos/caradura o polizón” – si es caradura, mejor. Un regalo del cielo que emula aquella gracia de Keynes. Imaginaba que un sistema económico sustentable podría nacer de un Estado que escondiese morrales con billetes en minas abandonadas. Lanzando a los ciudadanos a encontrarlas, según su capacidad, se desencadenaría una competencia virtuosa y capitalista. Acá ha llovido plata en un país con un gobierno que dice que no hay plata. Esta forma de reclutar la mayoría legislativa es también una lección para la oposición amable del gobierno, que ahora sabe que el mileísmo les carancheó dirigentes en las provincias y los hizo perder el 26 de octubre, pese a que habían ayudado al gobierno en todo lo que les pedía..
Unidos para oponerse
Unidos, por su parte, se asienta en un grupo de gobernadores que se compromete con una agenda critica del gobiernobusca ser referente de la industria y del interior productivo y pone en cuestión la manera de gestionar la economía. No creen que el rumbo sea tan correcto como para no discutirlo. Esto los diferencia del grupo PRO-UCR.
También que hay en Unidos por lo menos dos gobernadores de provincias más grandes, como Maxi Pullaro y Martín Llaryora, que ya tienen en marcha proyectos de reelegir en sus gobernaciones. Vienen de ser derrotados por LLA en sus provincias y ya saben que Milei y el gobierno nacional no los van a ayudar a ir a la reelección.. El mismo proyecto tienen Nacho Torres de Chubut y Carlos Sadir de Jujuy. Torres, el único que pertenece al PRO, alento, desde antes de las elecciones el acercamiento entre su partido, la UCR y Provincias Unidas. Insistió después de los resultados en que el PRO tiene que buscar alguna manera de comprometerse con la agenda de las provinciasque es donde vive la gente, no en ese asiento contable llamado “nación”. Mantuvo ya reuniones con el consejo del PRO, con intervención del propio Mauricio Macri, para llevar esa posición a una asamblea del partido. Se le atribuye a Macri haber pedido tiempo para discutir a fondo este acercamiento. Tiene algún sentido porque Macri en todos sus pronunciamientos de los últimos meses se acercó a la agenda de los gobernadores. Saludó con ánimo el “Grito Federal”, pidió sanción del presupuesto, clamó por la coparticipación y la devolución de las rentas de la CABA detraídas por los gobiernos de los Fernández y el de Milei, criticó al gobierno por su alineamiento incondicional con los Estados Unidos y planteó la necesidad de trabajar con una agenda multilateral que aproveche la complementación que tiene la Argentina con China.
Tomadas esas expresiones literalmente, no habría argumentos para que Macri no tendiera un enlace con los dos interbloques y avalara una tercera mayoría de 41 votos hoy, porque en marzo o abril, sumaría muchos más.
Macri pide tiempo
Desalienta esa mirada la convicción de que en el armado del interbloque PRO-UCR, Macri actuó como lobista de Ritondo para abroquelar la formación e impedir que siguiera siendo carancheada por el mileísmo y también por los provincianos unidos. Le cuesta a Macri mantener los equilibrios y quienes han tratado este diseño inicial de los interbloques tienen la convicción de que al primer traspié que sufra el gobierno de Milei, el político que va a acudir a ayudar será el propio Macri.
Mauricio ha estado lejos del país en los últimos días, pero siguió este minué de manera remota. Escucha con atención a quienes le muestran las ventajas de mantener un equilibrio crítico con el gobierno y un compromiso con los gobernadores, para darle fuerza a una construcción nacional hacia 2027. Imaginan que este proceso de acercamiento con los federales tiene que madurar durante el primer semestre de 2026 y cristalizarlo hacia el final de año.
Viajes y acefalias
Alma criolla, errante y viajera, Macri se toma su tiempo. Estuvo en viaje de negocios en Arabia Saudita (fútbol y Fórmula 1), le escapó al sorteo FIFA del viernes ya viajar con Milei (proyecto a confirmar), Santiago Peña y el ex colombiano Iván Duque a Oslo el 10 de diciembre para acompañar a Corina Machado en la recepción del premio Nobel de la Paz. Estará en Buenos Aires el menor tiempo posible antes de adelantar sus vacaciones hasta febrero en el santuario de Cumelén.
De paso, si Milei viaja, habrá que cubrir la acefalía, porque el miércoles Victoria Viillarruel se fue a España a una cumbre parlamentaria (ella no es legisladora, pero tanto da). Es la hora que hubiera soñado Patricia Bullrich, que intentó ser designada presidenta provisional, pero, aunque ella ha jurado, recién el 10 de diciembre tendrá chapa de senadora. Sigue en ese cargo Bartolo Abdala.
Reelecciones toxicas
El proyecto de reelección de los gobernadores es un aglutinante de voluntades que puede ser una ventaja o un pasivo. En la Argentina, la solidez de los gobernadores se agota en su poder territorial. Son pocos los gobernadores que quieren ser presidentes. Saben por experiencia que su misión es gobernar sus distritos, mantener el poder, reelegir o dejar sucesores leales y controlar las listas legislativas. Dejan las veleidades presidenciales para otro tipo de personas y no se aventuran en batallas en las que hay más para perder que para ganar.
Lo ilustra con ironía Pichetto cuando dice que un presidente recibe la banda en el Congreso, y desde ese momento, todo va a peor. Lo llevan a la Casa Rosada en un auto que circula ya a contramanoy de ahí los presidentes terminan su gestión en Comodoro Py.
Desde la perspectiva de los gobernadores se entiende que haya habido presidentes sin fuerza territorial como Alberto Fernández, o de distritos chicos, como Menem, Kirchner, Macri o Milei. Los otros han aprendido del verso sentencioso de Borges cuando escribe sobre el arrepentimiento de Judá León, rabino en Praga, por haber creado un monstruo: ” ‘¿Cómo’ (…) la inacción déjé, que es la cordura?'” (El Golem, poema). Ningún gobernador en sus cabales quiere ser presidente. Por esa razon Milei buscará seducirlos con la ilusión de que los va a ayudar a reelegir, un cambio de que lo ayuden a él a reelegir como presidente. Pero los gobernadores ya probaron la pócima letal de Milei que los hizo perder en sus distritos. ¿Por qué ahora Milei cambiaría de método?
