El músculo comercial chino aguantó el frente arancelario con un superávit récord, más que billonario, y un repunte exportador en el 2025. Con la vista en nuevos mercados y buscando alternativas a EE.UU. Por todo el mundo, el gigante asiático elevó las ventas al exterior un 3,2%, hasta los 3,77 billones de dólares -3,23 billones de euros-, mientras que las importaciones se mantuvieron estables en los 2,58 billones de dólares -2,21 billones de euros-.
Gracias al buen desempeño el superávit comercial, la diferencia entre exportaciones e importaciones, alcanzó un récord de 1.189 billones de dólares, unos 1,02 billones de euros, tras dispararse un 20% respecto al año anterior.
El comercio con EE.UU. se resintió con fuerza con la guerra arancelaria de Donald Trump. Las exportaciones al país se hundieron un 20% interanual, con unas ventas de unos 360.000 millones de euros. Las importaciones, lo que China compró a EE.UU., se contrajo un 14,6%, hasta los 120.000 millones de euros. En diciembre las ventas cayeron un 30%, una de las peores caídas del año.
Vende más a la UE y le compra menos
Beneficiada en parte por un yuan débil, China compensó la caída del negocio con EE.UU. con más exportaciones a otros países y regiones, con la vista en el sudeste asiático (+13%), África (+26%) o Latinoamérica (+7%). También en la Unión Europea, a la que vende un 8,4% más, con 480.300 millones de euros. En el lado contrario, importó menos desde la región, un 0,4% por debajo del año anterior, con 230.000 millones.
Su gran socio son sus vecinos. A los países de la Asean -Vietnam, Tailandia, Malasia…- exportó un 13,4% más, con más de 570.000 millones. “Con socios comerciales más diversificados y una mayor resiliencia, las bases del comercio chino se mantienen sólidas”, ha declarado Wang Jun, subdirector de la autoridad aduanera, con la presentación de las cifras. Además, se gana calidad. Productos de menor coste como juguetes, zapatos o ropa se contraen, mientras crecen más de un 20% los envíos de semiconductores, coches o embarcaciones.
Los superávits, que se repiten al analizar los intercambios con los grandes socios, pueden convertirse en un foco de tensión, advierte Fred Neumann, economista jefe de Asia en HSBC. Sobre todo con aquellos también dependientes de la exportación. Como sea, “la economía china se mantiene extremadamente competitiva”, ha planteado.
Lee también
El fenómeno comercial cubre también algunas manchas internas, sobre todo el de la atonía de la demanda en casa. “Si bien refleja mejoras en productividad y la creciente sofisticación tecnológica de los fabricantes chinos, también se debe a la débil demanda interna y al consiguiente exceso de capacidad”, ha completado. En este sentido, este año “el entorno sigue siendo sombrío y complejo” por la desaceleración mundial y la fragmentación geopolítica, reconoce Wang Jun.
El tramo final del año fue igualmente positivo para los intereses de Pekín. Si en noviembre ya había alcanzado el billón de dólares en superávit, en diciembre mantuvo el impulso con un crecimiento de las exportaciones del 6,6%, hasta rondar los 307.000 millones de euros. El dato es mejor al esperado por los analistas. Las importaciones avanzaron un 5,7% más y 209.000 millones.
