-¿Cómo ve la actual política de apertura comercial?
-Existe una idea de apertura comercial muy amplia con un tipo de cambio relativamente bajo, que es muy perjudicial para el promedio de las industrias en general porque puede generar problemas de empleo. Esos trabajadores después migran a plataformas como Rappi y Uber, que no es deseable. Y se ve un desinterés del Gobierno en esta materia.
Esto no significa tener una mirada proteccionista a ultranza, que sería perjudicial. La mejor combinación que tuvo la Argentina en las últimas décadas fue cuando hubo apertura comercial amplia y dólar alto, a la salida de la Convertibilidad, cuando siguió la apertura de los ’90 pero con un tipo de cambio demasiado alto (el doble que el actual, que tampoco es lo más recomendable). Con apertura y dólar alto a la industria argentina le fue muy bien. Si el tipo de cambio es relativamente bajo, hay que ser más cuidadoso.
-¿Qué problemas le puede traer al país abrir de lleno las importaciones?
-La industria argentina genera un entramado económico y social importante. Y la velocidad de la adaptación a los ajustes son lentos. Si se llega a la conclusión de que hay sectores que no tienen futuro y no pueden competir con China, India, Vietnam o Brasil, hay que buscar la manera de hacer transiciones, tal vez con crédito, para reubicar el empleo y que sea lo menos traumático posible. Si no, en algún momento la gente se puede cansar y puede ser perjudicial políticamente para el Gobierno si sube tanto el desempleo y cierran las fábricas.
-¿Observa que hay una avalancha de productos importados?
-Sí y prácticamente en ningún rubro se puede competir. Lo importado es más barato y eso es beneficio para el consumidor visto aisladamente, pero si se empiezan a perder empleos resulta un problema. El consumidor que tiene más dinero disponible quizás se va a Brasil y no demanda un nuevo bien o servicio, sino que se pierde el consumo local.
-Los industriales suelen repetir que hay que “nivelar la cancha”. ¿Qué significa?
-En muchas áreas hay que mirar las prácticas desleales y los costos impositivos y laborales, que no se solucionan de la noche a la mañana. Una protección natural es tener un tipo de cambio más alto, que implica salarios más bajos pero, a la vez, reconocer que hay un montón de problemas de competitividad.
-Usted propone un dólar más alto como solución temporal. El Gobierno lo tildaría de “devaluacionista”. ¿Su receta genera mayor inflación y salarios más bajos?
-Una devaluación provoca una baja de los salarios en promedio y un efecto en la inflación. Pero si al final del otro camino crece el desempleo también caen los salarios. Con una devaluación, los ingresos se recuperan más rápido tras el shock inicial, como después del 2002.
Se necesita tener más reservas y para eso hace falta un tipo de cambio más alto. La acumulación actual es moderada y se debería multiplicar por 3 o por 4, lo que implica romper el techo de la banda cambiaria. Ese ahorro general de la economía mejorará la cuenta corriente de la economía y provocará que el Banco Central compre más dólares, como en la época de Roberto Lavagna como ministro de Economía. Todos los caminos conducen a un tipo de cambio real más alto y el Gobierno no lo quiere admitir, por eso no deja flotar la moneda.
