Han pasado escasamente tres semanas largas desde aquella madrugada del 28 de febrero cuando de manera conjunta Israel y Estados Unidos atacaron varios puntos de la geografía iraní. Desde entonces la que parecía ser una operación militar orientada a debilitar un régimen considerado como un factor de desestabilización en el Medio Oriente, apunta a convertirse en un fracaso en múltiples sentidos.
Y es que más allá de haber eliminado a los dirigentes más importantes oh diezmado la capacidad ofensiva de las fuerzas comandadas desde Teheránnada apunta a que el desenlace sea el esperado. Aparte de que las estructuras que detentan el poder en una nación de 92 millones de personas siguen al mando, los peligros para la economía mundial se han multiplicado.
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Todo por cuenta del cierre del estrecho de Ormuzpor el cual se exporta una quinta parte del petróleo y el gas natural que consume el planeta, además de un buen número de derivados que van desde gasolina de avión hasta fertilizantes. La que parecía ser inicialmente una interrupción temporal manejable, tiende a prolongarse ante la falta de garantías para que el tráfico marítimo que normalmente transita por la zona vuelve pronto a los niveles de antes.
Como si lo anterior fuera poco, en la medida en que las hostilidades persistan, la infraestructura de producción y embarque de hidrocarburos también se ha visto afectada. Reparar instalaciones dañadas tomará tiempo, lo cual contribuye a la incertidumbre ya la sensación de escasez.
cuentas crecientes
No hay que llevarse a engaños sobre la gravedad de la crisis. La Agencia Internacional de Energía (AIE) sostiene que el choque sufrido es ya el más grande de la historia en este sector y supera otros episodios traumáticos como la suspensión de despachos de gas de Rusia al Viejo Continente tras la invasión a Ucrania en 2022 o el embargo petrolero de comienzos de la década de los años setenta del siglo pasado.
En números concretos, de unos 20 millones de barriles diarios transportados por el área antes de los bombardeos se pasó prácticamente a cero. Aunque hay un par de oleoductos que permiten sacar una porción de esa suma por el Mar Rojo y algo más se puede almacenar, el recorte en el bombeo va en unos diez millones de barriles y se encamina a ser mayor. Cuando se agrega lo que pueden aportar otras geografías, eso deja un faltante neto para suplir la demanda que la AIE calcula por ahora en unos 8 millones de barriles diariosequivale a algo menos del 8 por ciento del consumo global.
Los mercados han tomado nota de lo sucedido. El viernes el barril de crudo sobrepasó los 112 dólares, casi el doble que a finales de 2025 y 55 por ciento más que un año atrás. Con cada día que transcurre aumentan las probabilidades de llegar a máximos de 150 o 200 dólares el barril, como los que proyectan cada vez más analistas.
Las consecuencias de los trastornos ya hijo evidencias en Múltiples latitudes. En Australia el precio de la gasolina ha tenido un incremento del 32 por ciento en lo que va de marzo, mientras en Tailandia buena parte de los trabajadores gubernamentales recibieron la instrucción de trabajar desde su casa debido a la escasez de combustible y en India millones de hogares y restaurantes no pueden cocinar con gas.
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Asia, que se encuentra mayoritariamente en el Golfo Pérsico, es el continente más golpeado de todos. A su vez en Italia o Alemania las tarifas de electricidad han subido tanto que ponen en entredicho la viabilidad de algunas industrias intensivas en kilovatios.
Sectores como el turismo comienza a verso golpeadospues destinos como Dubái no son atractivos para nadie por estos días. Eso además de los miles de vuelos cancelados debido a motivos de seguridad por aerolíneas que conectan Oriente con Occidente, aparte de los aviones que se han quedado en tierra ante la escasez de gasolinapara no hablar de etiquetas que empiezan a encarecerse.
Sobre el papel, hay capacidad de aguantar el chaparrón. La AIE calcula que los inventarios de crudo para atender emergencias como la actual ascienden a 1.250 millones de barriles de crudo en poder de las naciones más poderosas, de los cuales ya se dio la orden de liberación 400 millones de manera gradual.
No obstante, existen cuellos de botella a la hora de distribuir los excedentes y, con excepción de los europeos que actúan en conjunto, cada cual se encarga de cuidar lo suyo. Si a finales de abril las cosas siguen iguales, en todo caso el tamaño de ese colchón se habrá reducido en forma sustancial.
Resolver la situación demandará más que el simple ejercicio de la fuerza. La superioridad estadounidense e israelí en los aires es indiscutible, pero los iraníes tienen cómo combinar maneras para hacer sus aguas intransitables. Estas van desde minas submarinas, hasta lanchas rápidas con explosivos y drones acuáticosque pueden dañar cualquier embarcación.
Foto:EFE
Si bien Donald Trump ha insistido en que escoltar de forma segura a los grandes tanqueros es posible, pocos le creen, entre otras porque se necesitaría un enorme despliegue de buques de guerra. A su vez, Teherán sabe que su principal arma de negociación consiste en seguir bloqueando el estrecho hasta que logre concesiones de sus enemigos, quienes tendrían que ceder ante la presión internacional.
Mientras el tire y afloje se prolonga, la economía mundial se acerca al abismo. Aun si proporcionalmente el petróleo y el gas le han tenido que abrirles espacio a otras fuentes energéticas, son todavía la opción más importante. Por eso si el costo del transporte de bienes se llegara a disparar, sus ramificaciones serían múltiples.
De entrada, el principal temor es un rebrote inflacionariojunto con un descontento popular con repercusiones electorales. Los que pueden tratar de mitigar el golpe, como acaba de hacer España que adoptó un paquete de alivios que pasan por reducir del 21 al 10 por ciento el IVA que se le aplica a la gasolina o la electricidad, lo cual le valdría 5.000 millones de euros anuales al pescado ibérico.
Para curarse en salud, los principales bancos centrales han pospuesto eventuales recortes en sus tasas de interés. También los mercados financieros y de acciones se han visto sacudidos ante la expectativa de que el crecimiento económico será menor, entre otras porque los consumidores se verán obligados a gastar más en combustibles y menos en las demás categorías.
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Ojos bien abiertos
Como siempre ocurre en estos casos, los cambios dejarán ganadores y perdedores. A primera vista hay una danza de los millones que benefician a los productores de hidrocarburos, desde Rusia hasta Venezuela, al igual que a las compañías que están en el negocio.
Colombia, aunque ha perdido posiciones en el escalafón regional, también puede obtener ingresos extraordinarios. De un lado está la expectativa de recibir más divisas por exportación que en 2025 representaron una cuarta parte de las ventas externas, con 12.481 millones de dólares facturados. Del otro suena factible una mejora en los recaudos tributarios derivados de un segmento que tradicionalmente ha ocupado el primer lugar entre los grandes contribuyentes.
Foto:EFE/EPA/Ali Haider
Basta recordar que el plan financiero de la Nación, revelado hace unos días por el ministerio de Hacienda, toma como supuesto un valor promedio de 59,2 dólares por barril de la variedad Brent para este año. A pesar de la volatilidad observada, parece factible que la cifra mencionada se supere por un margen amplio durante lo que queda del calendario. Los cálculos de los especialistas señalan que por cada dólar adicional que aumenta el crudo anualmente, las arcas públicas recibirían unos 400.000 millones de pesos más.
Mejor sería la historia, claro, si en los últimos años la actividad hubiera tenido un margen de acción más amplio, que le habría permitido expandirse. Pero el congelamiento de la exploración y firma de nuevos contratos se ha convertido en un declive de la producción interna que se encuentra por debajo de los 750.000 barriles diarios en el caso del petróleo.
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Pero más allá de lamentarse por lo que pudo ser y no fue, conviene mirar hacia adelante. Tal como seguramente se analizará la semana que viene en Houston con ocasión de la conferencia de CERAWeek que reúne a la élite global del sector de la energía, las variaciones abruptas –como las observadas en semanas recientes– implican desafíos que requieren ser bien administrados.
Semejante dilema aplicable para Colombia, que no se encuentra en un buen momento para reaccionar a la que podría ser una de las grandes crisis globales de la presente década. Por ejemplo, la coyuntura electoral lleva a que se paralicen decisiones que en otros momentos serán más viables como la de examinar el valor del galón de gasolina corriente.
Tras una rebaja acumulada de mil pesos en lo que va del año, hoy por hoy el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles registrarse saldos en rojo mucho mayores que los de un mes atrás, acentuados por una disparada en el diesel. Pensar que la ortodoxia se acabará imponiendo, justo cuando faltan pocas semanas para la cita con las urnas del 31 de mayoes algo que raya en lo ilusorio así no existe ningún espacio fiscal para justificar un subsidio.
No menos inquietante es la situación de Ecopetrol, cuyo presidente acaba de ser imputado por la Fiscalía por el delito de tráfico de influencias. En lugar de encontrarse reunida para examinar el complejo clima global y definir cómo proceder, la junta directiva está dividida sobre qué paso dar con respecto a Ricardo Roa, cuya permanencia al frente del conglomerado es considerada por los observadores externos un lastre cada vez mayor.
Y aparecen otros desafíos fundamentales. “Esta coyuntura nos encuentra mal parqueados, en momentos en que perdimos, desde diciembre de 2024, la autosuficiencia en lo que concierne al gas natural y requerimos de mayores volúmenes de importaciones cuando los precios vienen al alza”, señala el exministro Amylkar Acosta.
Agrega el experto que “nos encontramos con un crecimiento lastrado por el pésimo desempeño del renglón minero energéticosumido en una crisis inducida por este Gobiernoque se expresa en una realidad muy desafiante”. Cuando se añaden otros elementos, como el alza previsto en ciertos insumos claves, la conclusión es que “nos encontramos en una especie de tormenta perfecta que nos asedia y de la cual no será fácil salir indemnes”, subraya.
Repetir en el próximo cuatrienio los mismos errores del presente no solo arriesgaría el sacrificio de billonarios recursos, sino poner en entredicho la propia seguridad energética del país. Tanto en este como en otros frentes, los tiempos actuales muestran que es mejor protegerse de las turbulencias externas, cuando se poseen las condiciones para hacerlo.
Al respecto, no hay duda de que el territorio colombiano cuenta con buenos prospectos en lo que atañe a los hidrocarburos. Aumentar la extracción de petróleo y disponer del gas que se necesita para el consumo interno sería posible en un plazo no muy largo si se revierte la política de años anteriores y se permite, con la debida regulación, el uso de técnicas no convencionales como el conocido fracking.
Lo otro es hacerse los sordos e ignorar los campanazos de alerta que suenan en la arena internacional y en el ámbito local. Sortear con éxito los retos que hoy plantean la debacle del estrecho de Ormuz o el retorno del fenómeno de El Niñojusto cuando hay cuellos de botella en la generación eléctricarequiere visión, liderazgo y capacidad de atraer inversionescomo una manera de preservar la soberanía y salir adelante en un mundo lleno de turbulencias.
Bruce MacMaster, presidente de la Andi, expuso la semana pasada 16 propuestas específicas para recuperar el terreno perdido. Solo así, con la debida mezcla de sentido común y realismo, podremos convertir los riesgos en oportunidades y las pérdidas potenciales en ganancias colectivas.
RICARDO ÁVILA PINTO
Especial para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto
