Hay que remontarse al drama de la pandemia en marzo del 2020, con millas de muertos y millones de personas confinadas en sus casas, para encontrar otra semana tan gloriosa para el oro. El metal amarillo se apreció un 7% en el transcurso de estos últimos cinco días y el viernes rozó la cota psicológica de 5.000 dólares la onza.
Llevamos poco más de veinte días del 2026 y el oro ya se ha apreciado un 16%, después de que el año pasado se revalorizara un 70%. Si volvemos más atrás, en tan sólo un año y medio las cotizaciones de este mineral se han duplicado, encadenando varios máximos históricos. Ya son 28 los meses consecutivos de ganancias mensuales anotados por el oro.
Sobre las razones de este reuniónlos analistas son casi unánimes. La agitación creada por Donald Trump en el Foro de Davos, donde un día amenaza con hacerse con Groenlandia, el siguiente anuncia el despliegue de portaviones en Irán, en medio de reiterados insultos al presidente de la Reserva Federal es el ambiente más propicio para que los inversores busquen protección y refugio.
A finales de diciembre, superó por primera vez los 4.500 dólares por onza. Desde entonces ha seguido revalorizándose, empujado por la incertidumbre geopolítica, con el trasfondo de las amenazas arancelarias de Donald Trump y de sus pretensiones sobre Groenlandia. En el último año, el oro se ha revalorizado más de un 70 % y alrededor de un 15 % desde el 1 de enero.
“El oro está experimentando una revalorización sostenida a medida que aparecen grietas en el orden normativo posterior a la Segunda Guerra Mundial”, afirmaban desde JPMorgan. “Los inversores ven cada vez más el oro como una protección confiable contra estos riesgos de cambio de régimen difíciles de cuantificar”, añaden. Desde la óptica inversora, no se trata pues de ganar dinero, sino de evitar daños mayores. “Consideramos que el reciente movimiento en el precio del oro no es una señal para perseguir rentabilidad, sino que la incertidumbre política, tensión institucional y riesgo geopolítico—siguen presentes”, declaraba Matt Bance, estratega en T. Rowe Price.
Todo esto mientras el dólar, la divisa de referencia mundial sigue cabizbajo ante una crisis de desconfianza. “En este contexto, el oro se beneficia como activo percibido fuera del sistema fiduciario”, destaca Bance. Un fondo de pensiones de Dinamarca llamado AkademikerPension dijo esta semana que va a vender sus bonos del Tesoro de Estados Unidos, cerca de 100 millones de dólares, antes de que termine enero de 2026. Oficialmente, el motivo es la sostenibilidad de las finanzas norteamericanas, pero a nadie se le escapa que Groenlandia tiene algo que ver. “La fe en Estados Unidos y en sus activos se ha visto sacudida, quizás de forma permanente, y esto está impulsando el dinero hacia los metales preciosos. Así que estamos ante una ruptura. No creo que sea una exageración”, dijo Kyle Rodda, analista de mercados de Capital.com”.
El otro elemento que propulsa las cotizaciones son las compras de las reservas de los bancos centrales, que siguen comprando lingotes (de hecho, por primera vez en treinta años atesoran más oro que bonos del Tesoro estadounidense).
La última novedad es Polonia. El banco central del país europeo (su frontera es con Rusia) está incrementando las adquisiciones del metal. Esta semana se hizo público el plan del Banco Nacional de Polonia de incrementar en más de un 27% (unas 150 toneladas) sus actuales reservas de oro, con el objetivo de alcanzar las 700 toneladas, lo que se convertirá en uno de los diez estados con la mayor cantidad de oro acumulada en sus cámaras acorazadas y por delante del Banco Central Europeo.

