el salto de oro por encima de los u$s 5000 la onza y la ruptura de la barrera de los u$s 100 en la plata no respondieron a un único catalizador ni a un episodio aislado de euforia.
Es el resultado de un proceso que se construyó durante meses, con capas sucesivas de riesgo, incertidumbre y desequilibrios que volvieron a poner a los metales preciosos en el centro del radar global.
En el corto plazo, el mercado reaccionó a una seguidilla de tensiones geopolíticas y señales políticas difíciles de ignorarr. Las fricciones entre Estados Unidos, Europa y otros actores estratégicoslas amenazas arancelarias y los episodios que reavivaron dudas sobre la independencia de la política monetaria estadounidense reactivaron la demanda de activos refugio.
En ese contextoel oro y la plata volvieron a cumplir su rol histórico como cobertura frente a escenarios de estrés.
¿Qué hay detrás del rally?
El motor más profundo es fiscal. Los déficits elevados, la expansión persistente de la deuda pública y la pérdida de anclas creíbles en varias economías desarrolladas empujaron a los inversores a privilegiar la estabilidad por sobre rendimiento financiero.
En el caso de la plata, el movimiento fue aún más violento porque combinó ese clima macro con factores propios del mercado. Tras el shock arancelario de 2025, la relación oro/plata se disparó, lo que dejó al metal plateado claramente subvaluada frente al oro.
Desde entonces, el metal inició un proceso de “catch-up” que se aceleró con señales de desajustes en la oferta global y con su incorporación a la lista de minerales críticos de Estados Unidos, lo que reforzó su perfil estratégico, tanto desde el lado monetario como industrial.
La magnitud de la suba también refleja un fuerte componente de impulso. El oro registró su mejor desempeño semanal desde 2020 y la plata quedó ampliamente por encima de sus medios móviles de largo plazo.
Eso abre la puerta a correcciones técnicas y toma de ganancias, especialmente en la plata, donde los niveles de sobrecompra son evidentes. Sin embargo, Mientras el mercado se consolida y no colapsa, la tendencia de fondo sigue siendo alcista. apoyada en un contexto macro que continúa siendo favorable para los metales.
En definitiva, el rally no es solo una historia de miedo ni de especulación. Es la expresión de un cambio más profundo en la forma en que los inversores interpretan el riesgo, el valor de las monedas fiduciarias y la sostenibilidad de las cuentas públicas. Cuando ese diagnóstico se impone, el oro lidera y la plata se amplifica.
El oro se convierte en el activo estrella.
Damián VlassichTeam Lead de Estrategias de Inversión en IOL, explicó que el precio del oro alcanzó un máximo histórico durante la jornada de este lunes, impulsado principalmente por el aumento de las tensiones geopolíticas y la creciente presión política sobre la Reserva Federal (Fed). En ese contexto, el metal precioso se negocia por primera vez en torno a los US$ 5000 por onza.
En los últimos 12 meses, el oro acumuló una suba cercana al 80% en dólares. A su vez, 2025 quedó registrado en los mercados financieros. como el año en el que dejó de ser un simple activo de resguardo para transformarse en uno de los instrumentos más rentablescon su mejor desempeño anual desde 1979.
Según Vlassich, el llamado “efecto Trump” fue uno de los principales catalizadores.
Sucede que la política exterior de Estados Unidos, marcada por una agenda agresiva de aranceles comerciales, reavivó los temores inflacionarios a nivel global. Ante la posibilidad de que el comercio internacional se vea afectado o que el dólar pierda estabilidad, los inversores incrementaron su exposición al oo.
A este escenario se sumaron las tensiones persistentes en Oriente Medio y la guerra en Ucrania, reforzando el rol del metal como principal activo de refugio en un contexto de alta volatilidad.
La política exterior de Estados Unidos, marcada por una agenda agresiva de aranceles comerciales, reavivó los temores inflacionarios a nivel global.
La demanda, además, no provino solo de los inversores privados. Bancos centrales de distintas potencias —con China a la cabeza— avanzaron en una estrategia de diversificación de reservas, reduciendo su dependencia del dólar estadounidense mediante compras récord de oro. Esta demanda institucional impulsó un piso elevado para los precios y limitó las correcciones significativas a la baja.
Otro factor clave fue el giro en la política monetaria. Con la inflación mostrando señales de estabilización bajo nuevas políticas económicas, la expectativa de una baja de tasas comenzó a ganar terreno. El oro mantiene una relación inversa con las tasas de interés: cuando caen, se reduce el costo de oportunidad de mantener un activo que no paga intereses, lo que aumenta su atractivo frente a los bonos del Tesoro.
En paralelo, esta semana el presidente de la Fed, Powell, vinculó públicamente una investigación criminal en su contra con presiones de la Casa Blanca para forzar una reducción de tasas, denunciando un intento de vulnerar la independencia del organismo. Ese ruido institucional debilitó al dólar y agregó presión alcista sobre el precio del oro.
Finalmente, Vlassich destacó que las mineras fueron las grandes ganadoras del último año. Para quienes buscaron amplificar el rendimiento del metal, los Cedear de compañías del sector funcionaron como una alternativa apalancada: Mientras el oro avanzó cerca del 80% en dólares desde enero de 2025, papeles como Barrick Gold (GOLD) y Harmony Gold (HMY) registraron subas del 221% y 126% en dólares, respectivamente.
