España es diferente una vez más, por lo menos en cuanto a datos macroeconómicos se refiere. Porque en España el pedazo de la tarta de la riqueza que se reparten los hogares es cada vez más grande, en contraste con lo que ocurre una escala global, donde el dinero fluye con fuerza creciente hacia las rentas financieras y del capital.
Sí, porque mientras en la mayoría de las economías occidentales los ingresos de los beneficios empresariales, accionistas e inversores se van comiendo, en el conjunto del PIB, la parte correspondiente de las retribuciones salariales, en España ocurre justamente lo contrario: los rendimientos del trabajo salen reforzados, por lo menos si se mira el porcentaje sobre el conjunto de la economía española.
El crecimiento económico y el alza del SMI y de los convenios elevan los ingresos de los hogares
El titular es que los trabajadores se repartieron el 54,3% de la riqueza de España a cierre de 2025, el mejor dato de los últimos 25 años –excepto en pandemia por la contracción del PIB causada por la covid–, según los datos de la Contabilidad Nacional.
Concurren una serie de varios factores. Y alguna distorsión estadística también. Como apuntan desde el Ejecutivo, la alta participación de los salarios en la riqueza descansa en el notable crecimiento del empleo; Superado el shock de la pandemia, se han creado 2,2 millones de puestos de trabajo en el país desde 2021. Si hay más empleos, hay más sueldos que se pagan.
El dato récord de remuneración de asalariados también está influenciado por las medidas del Gobierno como la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) o los incrementos de remuneración a los funcionarios.
En el primer caso, hay que recordar que el SMI ha registrado un incremento del 61% en términos nominales desde el 2018, hasta llegar a la propuesta de los 1.221 euros actuales. Hay que pensar que en el 2018 dicha cuantía rondaba los 736 euros, con lo que en valores absolutos en siete años los trabajadores han pasado a ingresar casi 450 euros más al mes
En el segundo caso, las recientes subidas pactadas en los convenios colectivos han engrosado el apartado de los salarios. En 2022 el Gobierno y los sindicatos firmaron el Acuerdo Marco para una Administración del Siglo XXI, que reconoció el aumento de las retribuciones en la función pública: en 2022 se alcanzó una subida del 3,5% y durante 2023 se aplicó un alza del 2,5%. La senda de mejoras retributivas culminó en 2024, cuando se produjo una subida fija del 2% (y acaban de anunciarse más incrementos en el período 2025-2028).
Es cierto que el peso de las retribuciones de los trabajadores sobre la economía española es similar al que se registra a nivel mundial (según datos de la OIT estamos cerca del 52%), pero lo que es llamativo es que el porcentaje en España en los últimos años aumenta en lugar de disminuir, como ocurre en datos agregados a escala global.
Aún así, hay que introducir un matiz estadístico muy importante. A la hora de hablar del incremento de las retribuciones habría que añadir el impacto del aumento del coste de la vida. Si bien el PIB se mide en términos nominales, en términos reales, descontado los efectos de la inflación (que en España llegó a dispararse tras la guerra de Ucrania), el poder adquisitivo de los salarios no ha crecido de la misma manera (el repunte real del SMI sería más bien la mitad de lo que dicen los datos).
Javier Pacheco, secretario de acción sindical de la federación estatal de CC.OO., subraya que los estudios internos han desvelado que en los últimos años, en particular desde el 2018, los salarios más altos y los más bajos sí que han recuperado poder adquisitivo, mientras que los medios bajos se han quedado estancados. Y considera, en este sentido, que las negociaciones deben tener en cuenta las desviaciones respecto al salario medio para permitir una recuperación más efectiva.
Además, la OCDE indica que en el primer trimestre de 2025 los salarios reales en España seguían un 4,2% por debajo del nivel del primer trimestre de 2021, a diferencia de Francia o Alemania. España es diferente también en eso.
