“No quiero autos hechos en Canadá. No quiero autos hechos en México. Quiero que se hagan aquí”, dijo frente a reporteros durante su recorrido en el complejo Ford Rouge Center, en Dearborn, Michigan, donde se ensamblan camionetas F-150 y F-150 Raptor. Acompañado por directivos de la empresa, caminó por la línea de producción, saludó a trabajadores y escribió el cofre de una unidad al cierre del recorrido.
Las declaraciones ocurrieron dentro de la nave industrial, ante cámaras de televisión y teléfonos móviles que difundieron de inmediato los comentarios en redes sociales.
Cuestionado sobre el futuro del T-MEC, el presidente respondió que Estados Unidos puede tener el acuerdo o no tenerlo, sin que eso represente un problema. Insistió en que su prioridad es que la fabricación automotriz regrese al territorio estadounidense y sostuvo que los aranceles hacen menos atractivo producir vehículos fuera del país.
Horas más tarde, durante un discurso en Detroit, el mandatario reiteró su apuesta por usar los aranceles como palanca para fortalecer la industria local. Sus declaraciones se dan en la antesala del proceso de revisión del T-MEC, previsto para este año, un mecanismo que permite evaluar la continuidad, ajustes o eventual salida del acuerdo comercial.
