El absentismo laboral ha terminado por convertirse en uno de los temas centrales de la conversación pública. Lo ha hecho por la fuerza de las grandes cifras, las que atestiguan que por una u otra razón y de forma más o menos justificada cada … día faltan a su puesto de trabajo 1,5 millones de trabajadores; las que dicen que solo el año pasado se perdieron 380 millones de jornadas laborales completas por esta circunstancia; y también las que constatan que su factura para la Seguridad Social supera ya los 16.000 millones de euros, que se restan automáticamente de la bolsa con la que se sufragan las pensiones públicas. Si se aceptan las estimaciones que la patronal de las mutuas de accidentes de trabajo, Amat, el coste global anual para las empresas fue el año pasado de más de 165.000 millones de euros (10% del PIB), entre los salarios que les toca pagar de forma directa a los trabajadores de baja y las pérdidas de producción derivadas del fenómeno.
Pese a la tremenda magnitud del fenómeno, ni la Seguridad Social ni ningún otro departamento del Gobierno se ha decidido a analizar los perfiles de un fenómeno en el que se mezclan las bajas médicas por enfermedad común o accidente laboral, el disfrute de permisos perfectamente legales y reconocidos en la ley o en los convenios colectivos y los abusos que se puedan cometer bajo el paraguas de la protección social a estas situaciones.
Para Amancio López, presidente del Grupo Hotusa, matriz de la cadena hotelera Eurostars; y para Juan María Nin, célebre ejecutivo del sector bancario y presidente del Círculo de Empresarios, tras la fenomenal escalada de las bajas de los últimos años, que ha triplicado en apenas un puñado de años tanto su incidencia como su coste económico, se esconde un problema moral de una dimensión «enorme» que, entienden, ha sido alimentado desde una determinada posición ideológica. «Lo que se está trasladando es que hay que trabajar menosque hay que quitar tiempo al trabajo para dárselo a la vida, como si el trabajo no formara parte de la vida, y que no trabajar es igual o más rentable que trabajar. No se valora, sin embargo, que un 8% de absentismo supone que no se puedan subir un 8% los salarios», ha reflexionado este lunes el presidente del Grupo Hotusa, en una conversación con Nin en el marco de los llamados encuentros de ‘La industria de la felicidad’, que organiza la hotelera.
problema moral
«Se está perdiendo el valor del trabajo y eso siempre acaba mal»
Juan María Nin
Presidente del Círculo de Empresarios
«El fraude en el absentismo es tan grave como el fraude fiscal», ha recalcado Juan María Nin. «El problema es que no se ha asumido así, pero debería ser investigado como el fraude fiscal y debería tener las mismas consecuencias», ha añadido. Ambos se han mostrado de acuerdo en que el carácter tóxico del absentismo fraudulento, no solo por la elevadísima factura que le pasa a las arcas del Estado sino también porque «lo que no hace el trabajador que decide quedarse en casa lo tienen que hacer sus compañeros» y eso acaba contaminando el entorno de trabajo, han argumentado.
«Se está perdiendo el valor del trabajo y esto siempre suele acabar mal», ha advertido el presidente del Círculo de Empresarios, que ha recordado que la situación ha llegado a tal punto que incluso la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal ha pedido al Gobierno que actúe sobre este fenómeno.
