Nos hemos despedido de 2025 con grandes cifras macroeconómicas que, en algunos aspectos, son la envidia de muchos países de nuestro entorno. Hemos cerrado el año con un aumento del PIB –a falta de conocer los datos definitivos– en el entorno del 2,9% … ; Hemos superado, por primera vez en nuestra historia, los 22 millones de ocupados; El déficit público sigue su camino descendente y el Ibex 35 se ha situado a la cabeza a las subidas de las Bolsas occidentales con una subida superior al 50%.
Entonces, podríamos preguntarnos por qué los ciudadanos no tenemos esa sensación de que la economía, la genérica y la nuestra, no va bien. Y yo diría que eso se debe esencialmente a dos hechos: la subida neta de los salarios, especialmente la de los jóvenes, no da para hacer frente al alza de los preciosy la segunda, y más grave, el difícil acceso a la vivienda. Y esto, aparte de que detrás de las grandes cifras también hay datos que no son tan positivos.
Así, por ejemplo, es cierto que se han superado los dos millones de afiliados a la Seguridad Social, y eso es una buena noticia, pero ha aumentado mucho. el trabajo a tiempo parcial y los fijos discontinuoslo que provoca que haya personas que incluso teniendo trabajo, no sean capaces de salir del umbral de la pobreza.
Los ingresos tributarios se disparan
Al no actualizar los impuestos a la inflación, el Gobierno, año tras año, dispara los ingresos provenientes de impuestos. Entre enero y noviembre de 2025, el Ejecutivo recaudó 235.376 millones, un 10,4% más que en 2024
Además, el hecho de que el salario mínimo se haya subido de manera exponencial en los últimos años no ha supuesto que el resto de salarios también lo hayan hecho. De hecho, el no adecuar el Impuesto sobre la Renta a la inflación, y el subir las cotizaciones sociales a empresarios y trabajadores, lo que está provocando es que aunque los salarios brutos crezcan por encima del IPC, al final lo que te llega a la cuenta bancaria no alcanza para hacer frente a esa subida de precios, y los trabajadores estamos poder adquisitivo. Pero no solo los trabajadores, otro tanto ocurre con los pensionistas, de modo que solo los de rentas más bajas están pudiendo recuperar el poder adquisitivo.
Solucionar este problema está en manos de los empresarios, pero principalmente del Gobierno que debería adaptar los impuestos a la inflación para evitar que trabajadores y pensionistas pierdan poder adquisitivo. Pero claro esto supondría que los ingresos públicos no crecerían al ritmo que lo están haciendo, por lo que el Ejecutivo debería gestionar mejor el gasto público.
También las empresas, especialmente las más grandes, con beneficios milmillonarios, deben compartir con sus trabajadores parte de buenos esos resultados. Mercadona es, sin duda, un ejemplo de lo que podría hacerse para que los empleados se beneficien de los buenos resultados de sus compañías. Hace unos días anunció una paga extra para los trabajadores y siete días más de vacaciones. Si Mercadona puede hacerlo, está claro que hay otras muchas compañías que tienen posibilidades de hacer lo mismo, especialmente con sus empleados más jóvenes, que tienen salarios mucho más bajos de los que disfrutan sus compañeros más mayores a su edad y con su experiencia.
Pero junto a los salarios, el gran reto para 2026 y probablemente para años sucesivos, es frenar los precios de la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler. Y eso, perdonenme que les diga, no se consigue poniendo límites por decreto. Las administraciones de todos los colores políticos deben ponerse de acuerdo para sacar al mercado suelo y acelerar permisos para la construcción de vivienda. Habría que hacer más pisos sociales para que temporalmente la disfruten los que la necesiten. Hay que proteger a los propietarios, y no a los okupas, hay que regular los pisos turísticos, y quizás con todo eso, empecemos a ver resultados.
