Da la impresión de que a partir de ciertas interpretaciones que han coincidido en la actualidad, el turismo y la industria están enfrentados. No solo eso, sino que el progreso de la industrialización dependerá del decrecimiento del turismo. Comprenderíamos esta visión si se tratara de un destino en franco monocultivo turístico, si estuviéramos al borde del agotamiento o de la degradación de los recursos, o nos encontraríamos en la fase de declive definitiva del ciclo de vida del destino. Ninguno de estos extremos se da cita en el caso de Barcelona.
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