Carolina Martinoli (Buenos Aires, 1969) rompe con el perfil clásico de directivo de la aviación. En un sector en el que abundan las personalidades tempestuosas, la presidenta de Vueling, nombrada en el 2024, se ha abierto camino en la vía del cliente, la transformación y la gestión de equipos con una firmeza serena, tal y como subrayan quienes han colaborado con ella. Y quizás por eso su llegada al frente de la compañía ha tenido un valor doble. Por un lado, por el hito de convertirse en la primera mujer que dirige una televisión en España. Por otro, porque simboliza una forma distinta de liderar en una industria exigente, habitualmente jerárquica y sometida a una fuerte presión permanente.
Lo cuenta ella misma sin épica impostada, casi como quien resume un destino que terminó siendo fértil. El sector aéreo no entraba en sus aviones iniciales, pero en él encontró “un camino de felicidad”, afirma desde su despacho en la sede de Vueling en Viladecans.
“Liderar consiste en traer a la gente contigo”, defiende Martinoli, que rechaza la imagen de jefe infalible
Esa mezcla de pragmatismo y adaptación aparece una y otra vez en su trayectoria. Aunque nació en Argentina, creció y se formó en Brasil, donde su familia se trasladó siendo ella niña. Le atraían las ciencias y en algún momento se planteó estudiar Medicina, pero acabó decantándose por Administración y Dirección de Empresas en la Fundação Getulio Vargas de São Paulo.
Empezó a trabajar ya durante la carrera y pasó por sectores muy distintos. Entre ellos, la industria química, la alimentación y Telefónica en Brasil. Allí asumió su primer cargo directivo siendo muy joven. Después de llegar a España expatriada, de la mano del negocio de páginas amarillas que había sido vendido a un grupo británico. Casualidades del destino, voló hasta Madrid a bordo de un avión de Iberia, compañía en la que acabaría entrando y que supuso un punto de inflexión en su carrera.
“Era 2011 e Iberia pasaba un momento especialmente delicado. La fusión con British Airways acababa de echar a andar y la compañía buscaba para marketing, precisamente, a alguien que no procediera del sector”, recuerda. Quería aire nuevo y Martinoli encajó.
Lejos de intimidarla, el reto le atrajo de inmediato. A esas alturas ya había cambiado varias veces de industria y de país, y en la secadora podría dedicarse a una de las áreas que más le interesan, los proyectos de transformación. En Iberia encontré uno de gran calibre. “Lo recuerdo como una etapa muy intensa, increíble, donde tuve el privilegio, porque no lo puedo llamar de otro modo, de trabajar con Luis Gallego”, sostiene en referencia al consejero delegado de IAG, matriz de Iberia, Vueling o British Airways.
Tras Iberia, asumió nuevas responsabilidades en British Airways, para lo que se trasladó a vivir a Londres, y más tarde, en la estructura del holding. En el 2024 se presentó la oportunidad de Vueling, donde sucedió a Marco Sansavini, ahora al frente de Iberia. De nuevo, Martinoli no llegó en un momento sencillo. El avión líder en el aeropuerto de Barcelona venía de una negociación convulsa con el colectivo de tripulantes de cabina y debía sellar un acuerdo laboral con los pilotos.
Ella logró ese pacto y, tras él, una inversión milmillonaria de IAG para cambiar la flota de Vueling de Airbus a Boeing y reposicionar la aerolínea. Otra vez le toca dirigir una transformación mayúscula que enfrenta con seguridad. Aún así, Martinoli rechaza la imagen de jefe infalible o, como ella dice, el “liderazgo con Photoshop”. Defiende justo lo contrario: autenticidad, capacidad de escucha y honestidad para admitir lo que se sabe y lo que no. “Liderar consiste en traer a la gente contigo”, defiende. En una compañía donde trabajan 5.000 personas este principio resulta fundamental.
Su llegada a Barcelona en el 2024 fue un nuevo cambio de escenario, aunque no un salto al vacío. Aun así, mudarse de país, reconoce, siempre es “aparatoso”. Se instaló en Sant Cugat del Vallès con su madre y sus perros, y asegura sentirse muy bien recibido. El poco tiempo que le queda fuera de Vueling lo dedica a la familia ya viajar con sus hijas. “Estos momentos –subraya– son combustible para la vida”.

