El debate sobre el futuro de la energía nuclear en España ha entrado, como es propio de esta fecha, en un largo invierno –al menos, la decisión sobre la central de Almaraz, la primera que debía cerrar en 2027–. La resolución en estos momentos … está en manos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), que debe analizar la viabilidad de la planta. No obstante, en paralelo, se siguen haciendo números sobre lo que supondría echar la persiana. Para la industria el golpe podría ser de 1.400 millones.
Así lo estima el informe’La contribución de la energía nuclear a la competitividad industrial en España‘ elaborado por Monitor Deloitte en el que ponen especial énfasis en recordar que «la competitividad de la industria española y su capacidad para alcanzar el objetivo europeo de representar el 20% del PIB nacional (actualmente en el 16%) depende directamente de un suministro eléctrico estable, descarbonizado ya precios competitivos».
En esta ecuación emerge de manera relevante la energía nuclear. Y los números dejan lugar a pocas dudas. Los autores del informe estiman que extender el funcionamiento del parque nuclear más allá del calendario de cierre actual generaría un impacto económico directo muy relevante. En concreto, se estima una reducción del precio de la electricidad de 15 €/MWh en 2035 respecto al escenario de cierre.
Esto supone una reducción de costes se traduciría en un ahorro de aproximadamente 1.400 millones de euros anuales para el sector industrial. Además, en algunos subsectores como la metalurgia, la química o el papel, este ahorro podría representar entre un 6% y un 24% de su beneficio neto.
€/MWh
El ahorro eléctrico puede ser sustancial para la industria española, sobre todo, en un momento de máxima agitación internacional e incertiduembre.
El estudio destaca que en un contexto en el que la seguridad de suministro es mucho más importante ahora de lo que era en 2019, el despliegue de renovables y almacenamiento (baterías y bombeo) avanza a un ritmo inferior al previsto en 2019. «Es por ello que la extensión de la vida útil de las centrales nucleares españolas se presenta como un elemento clave para la seguridad del suministro y el crecimiento económico», señala el informe.
El contexto de negocio industrial no se puede desligar del funcionamiento del parque nuclear. La energía es un elemento crítico para la industria española, que emplea a 2,2 millones de personas a nivel nacional. Según el documento, el coste energético para la industria española asciende a 15.500 millones de euros, una cifra elevada a lo que se ha de sumar la alta volatilidad de los precios debido a la fluctuación de las materias primas (tomando como base 2019, los costes se multiplicaron por 2,2 en 2022 y por 1,4 en 2023).
Los costos energéticos suponen, de media, el 25% del beneficio operativo de las empresas industriales.cifra que supera ampliamente dichos medios en sectores electro-intensivos como la metalurgia, la química, la cerámica o el papel.
Más impacto positivo
Desde el punto de vista medioambiental, el mantenimiento de la potencia nuclear es clave para los objetivos climáticos. La extensión de la vida útil de las centrales evitaría la emisión de 14 millones de toneladas de CO2 anuales en 2035. Asimismo, esta energía libre de emisiones es fundamental para la producción de nuevos vectores energéticos, como el hidrógeno verde y los combustibles renovables.
El documento apunta que el calendario de cierre fijado en 2019 se diseñó bajo unas premisas de despliegue de almacenamiento (baterías y bombeo) que no se están cumpliendo a la velocidad esperada y un contexto geopolítico y de seguridad de suministro completamente diferente al actual. Por otro lado, extender la operación nuclear otorga el tiempo necesario para que tecnologías como las baterías reduzcan sus costes de inversión, lo que podría suponer un ahorro adicional de 1.400 millones de euros anuales en costes de inversión futura en dichas tecnologías.
Qué pasa con Almaraz
La central nuclear de Almaraz parece que tendrá una segunda vida. Al menos, contará con una pequeña prórroga de tres años, hasta 2030, si no hay mayores intromisiones políticas en la decisión que debe tomar el CSN en los próximos meses. Algo que celebra el sector energético.
A principio de 2024 la cuestión era más complicaday la planta extremeña estaba abocada al cierre a partir de 2027, uno de sus reactores, y al año siguiente el otro grupo, de los dos que consta la instalación. Así se había fijado en el año 2019 entre las empresas propietarias, el Gobierno y Enresa (la encargada de los residuos), y así era el planteamiento del actual Ejecutivo.
A principios de noviembre Iberdrola, Endesa y Naturgy pidieron que los dos reactores de Almaraz puedan seguir operando hasta 2030.
De hecho, en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec), que es la hoja de ruta diseñada por el Ministerio para la Transición Ecológica, con el objetivo de dar señales de inversión a las compañías privadas, fijaba que para 2030 ya no estaría operativa la central de Almaraz. Pero 2025 ha sido un año largo y principalmente en materia energética.
El apagón del pasado mes de abril ha provocado una fisura en las convicciones antinucleares del actual Gobierno. De hecho, cabe recordar que la política y planificación energética es una competencia del Ejecutivo. Bien es cierto que las empresas eléctricas deben querer operar las plantas. Y ese fue un paso decisivo.
